Siguiendo la línea del compromiso de nuestros hermanos, como Bartolomé de Las Casas, en pro de una «evangelización pacífica», la presencia en medio de los  pueblos aborígenes tiene un lugar esencial en la historia de la predicación de la Orden. Es cierto que, a lo largo de la globalización, los mestizajes, los desplazamientos de la población hacia las ciudades, las situaciones y las modalidades de la misión han evolucionado a lo largo de estas últimas décadas y que ciertas problemáticas (hasta ahora tal vez muy «europeas») se han desplazado. La confrontación de la evangelización con los temas relacionados con las identidades culturales, con la promoción humana y la integración social, con el respeto de los derechos, sigue siendo crucial en muchos lugares. Tenemos la responsabilidad de continuar y desarrollar estas misiones del mejor modo posible, con el fin de transmitir la experiencia adquirida – basados en lo que ya estamos haciendo, pero sin quedarnos en eso -, y de promover la integración de nuevos frailes con su propia creatividad dentro de estos apostolados.

(Relatio de Statu OrdinisTrogir, n. 58)