Fray Santiago Fernández OP inició Ministerio como Párroco en Misa presidida por el Cardenal Sturla 

 

El Cardenal Daniel Sturla invitó a la comunidad de la Parroquia Santísima Trinidad a ser “casa de puertas abiertas” en la Misa del inicio del Ministerio Pastoral como nuevo Párroco de Fray Santiago Fernández OP, el Domingo 23 de julio.

La Misa se realizó en el octogésimo aniversario en que se confió a la Orden de Predicadores dicha parroquia, ubicada en un barrio humilde y periférico al noroeste del centro de la capital de Uruguay.

El pequeño templo rebozó de gente de todas las edades, procedentes diversas comunidades de hermanas de la familia dominicana y laicales del territorio.

Reflexionando en su homilía sobre el Evangelio de ese Domingo, que alude al trigo y la cizaña, el Cardenal afirmó que ese pasaje es “una apuesta a la esperanza” y explicó que “Jesús compara el trigo y la cizaña con la experiencia del Reino de Dios”. En este sentido, señaló que el Reino de Dios no es una institución sino “la acción de Dios en la historia que transforma los corazones y la sociedad”. “La máxima acción de Dios en la historia ha sido  Jesucristo, y por eso Reino y Jesucristo se identifican”, puntualizó. Recordó que Reino es la acción de Dios, “no tanto nuestras grandes ideas, pensamientos y obras” y “por eso nosotros estamos llamados a colaborar con Dios, a ser esa levadura en la masa, allí donde nos encontramos”. “Esta es la gran confianza que nos da la vida cristiana: tener la certeza de que en medio de las dificultades del camino, Dios actúa en mi vida, en la vida de una comunidad, en el mundo”, subrayó el Cardenal.

Advirtió, no obstante, que “el drama es que al mismo tiempo que Dios actúa, el maligno también lo hace” y se puede caer en “la tentación de querer arrancar la cizaña y decir `acá somos solo gente del trigo bueno´”. “En la historia de la Iglesia muchas veces estuvo esa tentación, decir `acá somos los buenos y los demás son malos`. Y entonces algunos grupos que han querido, y todavía hay algunos que quieren hacer de la iglesia un club de perfectos”.

Y ante esta realidad ¿qué debemos hacer? planteó el Arzobispo de Montevideo, y respondió: “no pensar en un mundo que va a ser solo trigo puro”. “Eso se va para el cielo, cuando el Reino de Dios esté en su plenitud. Acá tenemos que `bancarnos´ que haya cizaña, y tratar de que crezca el buen trigo. Nuestras energías tienen que estar sobre todo en cultivar el buen trigo, que Dios se ocupará de la cizaña”.
El Cardenal Sturla recordó a la comunidad que “la Iglesia es casa de puertas abiertas: No miramos al vecino pensando “¡ah! ¡mirá este viene a comulgar! ¡si yo lo conozco!” Sino que decimos ¡qué bueno que esté aquí este hermano, esta hermana, más allá de sus defectos!, Dios sabrá, ojalá su participación en la vida de la comunidad lo ayude también a cultivar el buen trigo que tiene dentro suyo. Y esto es entonces hacer comunidad cristiana, casa de puertas abiertas, pueblo peregrino que hace presente el pueblo de Dios sabiendo que en su seno hay pecado y gracia, justos y pecadores y que todos tenemos algo de justos y algo de pecadores”

En su homilía, el Cardenal recordó que Fray Luis Carlos Bernal OP, integrante de la comunidad de Fernández,  fue su profesor de liturgia;  mencionó a Fray Flannan como “viejo…conocido de todos” en risueña alusión a su edad y presencia en esa comunidad, y resaltó la asistencia del Vicario Provincial, Fray Rafael Colomé OP, quien viajó especialmente desde Buenos Aires para la ocasión. También dio cuenta de la concurrencia de Fray Edgardo Quintanta OP, párroco de Nuestra Señora del Rosario y del Padre Germán que está haciendo una experiencia de dominicanismo.

Sturla recordó,asimismo, que Fray Felipe integrante de la misma comunidad que Fernández, se ordenó en esta parroquia, remarcando la coincidencia de que el 25 de julio tanto Felipe como Santiago cumplen años y que, a su vez, sus nombres coinciden con los patronos de la ciudad de Montevideo (San Felipe y Santiago).

Según el Cardenal, Fray Santiago intentó eludir la ceremonia, aludiendo a su humildad y este no hizo uso de la palabra durante toda la celebración, más que en los momentos señalados por la liturgia para asumir los diversos compromisos..

Al final de la Eucaristía, el Cardenal entregó al párroco las llaves del sagrario mencionando que será su guardián y que también la Eucaristía, como todo lo que custodian los sacerdotes, no es para guardar sino para entregar.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA DEL CARDENAL STURLA
El domingo pasado el Evangelio hablaba del sembrador, el Señor hoy sigue con el tema de la siembra. Y al igual que la anterior, esta parábola el Señor la va a explicar y va a decir que el Hijo del Hombre es el que siembra el buen trigo, pero viene el enemigo, que es el diablo, y siembra la cizaña. ¿Alguna vez vieron trigo? ¿Alguna vez vieron cizaña? La cizaña cuando es chiquita se confunde con el trigo, si la vamos a arrancar, está el peligro que dice Jesús de arrancar el buen trigo con la cizaña.

Entonces dice el Señor: hay que esperar.Y después va a explicar que al fin del mundo, el Señor enviará a sus ángeles que arrancarán la cizaña y la quemarán y dejarán el buen trigo. Y esto tiene una enseñanza muy profunda. Jesús compara el trigo y la cizaña con la experiencia del Reino de Dios.

¿Qué es el Reino? El Reino de Dios es la acción de Dios en la historia que transforma los corazones y la sociedad. El Reino de DIos no es una institución, es Dios que Reina Dios que actúa en nuestros corazones, Dios que actúa en la historia.  La máxima acción de Dios en la historia ha sido  Jesucristo, y por eso Reino y Jesucristo se identifican. y allí donde está presente el Reino, está presente Jesús. La Iglesia, es principio y germen del Reino. Al anunciar a Jesucristo está haciendo presente al Reino. Pero la acción del Reino es la acción de Dios, por eso nosotros estamos llamados a colaborar con Dios, a ser esa levadura en la masa, allí donde nos encontramos, en la acción de Dios y no tanto en nuestras grandes ideas, pensamientos y obras. Dios actúa. Esta es la gran confianza que nos da la vida cristiana, tener la certeza, en medio de las dificultades del camino, de que Dios actúa. Actúa en mi vida,en la vida de una comunidad, en el mundo. Pero el drama es que al mismo tiempo que Dios actúa, el maligno también lo hace”. Y a veces podemos tener la tentación de querer arrancar la cizaña y decir “acá somos sólo gente del trigo bueno”. En la historia de la  iglesia muchas veces estuvo esa tentación, “acá somos los buenos y los demás son malos”. Y entonces algunos grupos, en la historia de la Iglesia han querido, y todavía hay grupos que quieren a veces, hacer de la iglesia como un club de perfectos. Eso que han querido hacer ha terminado en cualquier desastre. En cambio los otros, más humildemente, pequeños y sencillos como nos enseña Jesús, sabemos que en nuestro corazón también crecen el trigo y la cizaña. En una comunidad hay trigo y cizaña, en el mundo hay trigo y cizaña, ¿y entonces qué es lo que debemos hacer? no pensar en un mundo que va a ser solo trigo puro. Eso se va para el cielo, cuando el Reino de Dios esté en su plenitud. Acá tenemos que “bancarnos” que haya cizaña, y tratar de que crezca el buen trigo. Nuestras energías tiene que estar sobre todo en esto, cultivar el buen trigo, que Dios se ocupará de la cizaña. La que está en nuestro corazón tratamos que el Señor la purifique, nos acercamos a la reconciliación, pedimos perdón de nuestros pecados pero sabemos que volveremos a pecar, pero cada vez que recibimos la Gracia de Dios en el perdón, cada vez que recibimos la gracia de Dios en la Eucaristía, sabemos que vamos cultivando el buen trigo que hay en nosotros. Y en la comunidad cristiana, en una parroquia también, no es cuestión de decir nosotros somos los buenos y el resto son los malos. La Iglesia es casa de puertas abiertas. No miramos al vecino pensando “¡ah! ¡mirá este viene a comulgar! ¡si yo lo conozco!” Sino que decimos ¡qué bueno que esté aquí este hermano, esta hermana, más allá de sus defectos!, Dios sabrá, ojalá su participación en la vida de la comunidad lo ayude también a cultivar el buen trigo que tiene dentro suyo. Y esto es entonces hacer comunidad cristiana. Casa de puertas abiertas pueblo peregrino que hace presente el pueblo de Dios sabiendo que en su seno hay pecado y gracia, justos y pecadores y que todos tenemos algo de justos y algo de pecadores. Y que el Señor al final del camino hará esa separación y ahí sí, en el cielo vamos a ser nosotros mismos pero con lo mejor de nosotros, purificados. No va a haber celos, envidias, chismes, va haber bondad de eso. Lo que va a haber va a ser bondad, misericordia, ternura, comprensión, alegría. La alegría de estar todos juntos, siendo nosotros mismos, pero purificados por el buen Dios que allí sí nos va a derramar toda su bondad y su gracia. Hacia allí caminamos.

El Evangelio de hoy es una apuesta a la esperanza. Nada de decir ahora es horrible, “ahora no hay respeto antes no había respeto”, eso es de viejos, y una comunidad cristiana no puede ser una comunidad de viejos, así sean todos mayores de edad, sino una comunidad rejuvenecida por la Pascua, rejuvenecida por la gracia de Dios, que sabe mirar en cada momento y en cada tiempo lo bueno y lo malo. Y cultiva lo bueno y se banca lo malo. Obviamente con todos los cuidados del mundo que hay que tener. La comunidad Dominica necesita tanto de ustedes como ustedes de la Comunidad, así que a cuidarla.

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