Carta del Maestro de la Orden:  La santidad de Domingo, luz para la Orden de Predicadores

 

 

Del 6 de enero de 2021 al 6 de enero de 2022 la Orden de Predicadores celebrará los 800 años de la muerte de Santo Domingo. Así lo anunció el Maestro de la Orden, fray Bruno Cadoré OP, en una carta titulada “La La santidad de Domingo, luz para la Orden de Predicadores”.

“La celebración del Jubileo de la confirmación de la Orden impulsó una dinámica de renovación del compromiso de la Orden entera en la proclamación del Evangelio. Con esta carta os invito a proseguir en esa dinámica, bebiendo en la fuente de la santidad que hizo de Domingo un predicador”, explica Fr. Bruno al aludir a la intencionalidad de su misiva dirigida a frailes, hermanas, religiosos y laicos de la Orden.

El Maestro de la Orden señala que la santidad de Domingo reside en “su ardiente deseo de que la Luz de Cristo brillara para todos los hombres, su compasión por un mundo sufriente llamado a nacer a su verdadera vida, su celo en servir a una Iglesia que ensanchara su tienda hasta alcanzar las dimensiones del mundo”.

A la luz de lo que evidenciaron los testimonios sobre las circunstancias de la muerte de Santo Domingo, fray Bruno expresa que “la Orden de Predicadores es para Domingo

una Orden que pretende seguir el rastro de Jesús predicador, que pasó por ciudades y pueblos proclamando la buena noticia del Reino de Dios (cf. Mt 4, 23-25; Mc 1, 39; Lc 4, 44)”, ofreciendo así “la realidad de la fraternidad como un eco de la salvación que está en el centro mismo de la predicación de la Orden”. “Anunciar esa buena noticia es invitar a cada uno de los interlocutores a que descubra en lo más íntimo de sí mismo una aspiración a vivir en este mundo formando fraternidad con los demás. Es también proclamar la esperanza según la cual la figura de la fraternidad entre los hombres anticipa la realidad del Reino en el que será congregado el pueblo de Dios en los últimos tiempos’, puntualiza.

La fraternidad es, entonces, según fray Bruno, signo del “verdadero `púlpito´ de la predicación, en su doble vertiente de experiencia concreta de la vida y de esperanza del futuro con Dios”. Se trata de “un púlpito desde el cual se proclama de parte de Dios -no con discursos teóricos, sino a partir de la escucha de una Palabra que se pone a prueba en la experiencia concreta de una vida con y para los demás- la confianza en la capacidad de los humanos para crear, entre sí y con Dios, relaciones que ‘alimentan la vida´”, precisa.

A los ojos de Santo Domingo “la fraternidad de sus frailes es …un lugar de santidad con un valor equivalente al que se otorga al testimonio de los santos”, subraya el Maestro de la Orden. En este sentido, añade que “una vez más, la santidad puede considerarse como el púlpito de la predicación de los predicadores. A éstos se les invita, en cuanto hermanos, a que integren la fe en la comunión de los santos en el corazón de las realidades concretas de la vida y a que saquen de ahí la fuerza de la palabra itinerante del predicador. ¡Comunidades de predicadores, santas predicaciones!”.

Fray Bruno sostiene que “la vocación de Domingo a entregar su vida a la predicación del Evangelio le condujo a encontrar ahí un camino que le llevó a lo más profundo de su propia humanidad”, sobresaliendo especialmente ciertos rasgos: “la sencillez, la compasión, la frugalidad, la amistad”, que configuraron su modo de ser predicador.

“A raíz del concilio Vaticano II se podría decir que la ambición de la Iglesia de Cristo es ser sacramento para el mundo, en el mundo. En el contexto actual, que clama ardientemente por una renovación de la evangelización, es la ambición por pasar de una perspectiva de mantenimiento o de refuerzo de las comunidades eclesiales existentes a una perspectiva de promoción de todas esas comunidades eclesiales como verdaderos `sujetos misioneros´”, destaca el Maestro. Y aclara que para Santo Domingo “ir a los Cumanos no significaba una voluntad de extensión de la Iglesia en términos de ensanchamiento de su territorio, de refuerzo de su poder o de su influencia, o incluso de dominación sobre cualquier otra creencia”, sino “de un deseo que nace del amor por el mundo entero, que pretende ir ahondando hasta identificarse con el amor de Cristo por el mundo y que sabe, como lo sabe el Creador, hasta qué punto el mundo humano es capaz de desplegar el don de la hospitalidad para con todos en una misma comunión y para con Dios, su Creador, en una historia común como pueblo al que Dios ama”. “Por esta razón Domingo sueña con una Iglesia constantemente `en salida´», resalta.

“Esa Iglesia, por la cual Domingo desea entregar toda su vida y llama a sus hermanos y hermanas a hacerlo con él, es una Iglesia amiga y fraterna, movida por un afecto profundo entre sus miembros y hacia el pueblo de Dios más allá de sus propias fronteras”, enfatiza fray Bruno. Señala, asimismo, la relevancia de que “las reestructuraciones en la Iglesia tengan siempre como objetivo promover, cultivar el afecto de la comunidad por todos”.

En el tramo final de su carta, el Maestro de la Orden plantea que las celebraciones del año 2021 pueden ser para la Orden “un tiempo favorable para compartir con la Iglesia el tesoro recibido de Domingo: entregarse a la aventura de la evangelización que abre a todo creyente un camino donde vivir el gozo de `conformarse´ con Jesús predicador”.

Texto completo de la Carta de Fr. Bruno Cadoré OP

https://www.dominicos.org/media/uploads/recursos/documentos/cartas_del_maestro_de_la_orden/carta_del_m.o._2018_sobre_la_santidad_de_s._domingo.pdf

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *