REFLEXIONES DEL PROMOTOR DE JUSTICIA Y PAZ

Fr. Miguel Concha Malo, O.P.

 

 

 

 

 

DERECHOS HUMANOS Y LIBRE COMERCIO

Por Miguel Concha

 


“Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”, es supuestamente el tema de la IV Cumbre de las Américas. Sin embargo, esto no será posible si no se asumen como prioridad absoluta las obligaciones de los Estados en cuanto a los derechos humanos integrales, expresan una vez más centenares de miles de miembros de Amnistía Internacional (AI), del extremo norte al extremo sur del hemisferio, reflejando las preocupaciones de AI en todo el mundo, en un documento dirigido a los presidentes y jefes de gobierno. Pero desgraciadamente durante la preparación de este evento, dichas problemáticas no se han considerado tomando en cuenta la interrelación e interdependencia de los derechos humanos, denuncian las organizaciones mexicanas que buscan incidir y aportar en uno de los foros oficiales al que se les ha autorizado tener acceso, por las limitaciones que la sociedad civil tiene que seguir enfrentando en estos procesos, así como en los foros alternativos convocados por la propia sociedad argentina. En efecto, desde sus orígenes, los procesos de la Cumbre han venido asociados a la liberalización del comercio y la creación de una posible Área del Libre Comercio de las Américas, impulsada por el gobierno de Estados Unidos, por medio de acuerdos que tienen de fondo grandes proyectos como el Plan Puebla Panamá y la Iniciativa Regional Andina, que comprometen en gran medida los medios de vida y los recursos locales del Continente. “Aunque estos acuerdos han creado nuevas oportunidades para algunos -–expresan los miembros de AI en 14 países de América, incluidos Canadá, Estados Unidos y México--, a veces han coincidido también con un aumento de desigualdades y un deterioro de las condiciones sociales, que menoscaban los derechos humanos de los sectores más pobres de la población”, a pesar de los obtusos panegíricos de sus promotores. Es más, los esfuerzos por fomentar nuevos acuerdos comerciales, han venido también asociados con el uso de la violencia y la represión contra quienes con argumentos fundados se oponen a ellos. A ello también se debe que hoy exista una crisis de derechos humanos en toda América. “Muchos de los males que sufren los pueblos, no se podrían hacer sin la complicidad de gobiernos que se someten a las políticas impuestas por el FMI, el BM y el gobierno de los Estados Unidos”, dijo con razón el pasado 29 de octubre en Buenos Aires Adolfo Pérez Esquivel. “Políticas como el ALCA y los demás tratados de libre comercio -–enumeró el Premio Nobel de la Paz 1980--, la militarización del continente y el establecimiento de bases militares de los Estados Unidos en nuestros países, como en Paraguay, donde además se instala una oficina del FBI para el control de la Triple Frontera y para generar tensiones y conflictos con el pueblo de Bolivia y toda la región; el Plan Puebla Panamá y el Plan Colombia”. Todo lo cual son hechos, y no apariencias ideológicas sino en los sofismas de quienes en su ignorancia supina así los califican. Por ello los miembros de AI exigen de sus gobiernos que, en congruencia con sus obligaciones para con sus pueblos y sus pares en la comunidad internacional, realicen evaluaciones de los efectos en derechos humanos antes de firmar y después de aprobar un nuevo acuerdo de inversión o comercial, llevando a cabo las debidas consultas con quienes puedan verse afectados por ellos. Les piden también que apoyen decididamente el mandato del representante especial del secretario general de la ONU sobre los derechos humanos, las empresas trasnacionales y otras empresas comerciales, que tienen también la obligación de respetarlos y hacerlos valer, “en el establecimiento de normas de derechos humanos universalmente reconocidas, aplicables a las empresas, basándose en gran parte en las Normas de la ONU sobre las Responsabilidades de las Empresas Trasnacionales y Otras Empresas Comerciales en la Esfera de los Derechos Humanos (doc. de la ONU E/CN.4/Sub.2/2003/12/Rev.2. 2003)”. Por ello igualmente las organizaciones mexicanas, junto con la Coalición Internacional de Organizaciones para los Derechos Humanos en las Américas y la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos para la Democracia y el Desarrollo, le piden entre otras cosas al gobierno que en el proyecto de Declaración de Mar de Plata “plantee expresamente el apoyo a la aplicación y observación de las Normas de Naciones Unidas sobre las responsabilidades de las empresas en materia de Derechos Humanos”. En congruencia con ello, los miembros de AI, quienes en su llamamiento se ocupan también del fortalecimiento del sistema interamericano de derechos humanos, la protección de los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas, la seguridad por medio de los derechos humanos, la migración y los desplazamientos, y las personas defensoras de los derechos humanos, recuerdan también a los gobiernos del continente su obligación de “desistir de aplicar políticas que impidan de forma activa hacer realidad estos derechos, o que permitan a otros violarlos con impunidad”, si es auténtico su compromiso de combatir
 

 

Reflexiones del Promotor de Justicia y Paz

  

Queridos Hermanos:

 

            Cuando el Maestro de la Orden tuvo a bien designarme como Promotor Regional de Justicia y Paz para América Latina y El Caribe, el 14 de febrero del año pasado, teniendo en cuenta la opinión de la mayoría de los hermanos que se reunieron en el CIDALC de Chile, una de las cosas que me recomendó, primero a través de Frei Joao Xerri, y posteriormente de manera personal aquí en México, fue el continuar promoviendo, sí, nuestro compromiso dominicano práctico con la justicia y la paz en todos nuestros apostolados y en los nuevos que la realidad y la inspiración de nuestro carisma demanden, contando en la mayor medida posible con la colaboración equitativa y complementaria de los demás sectores de la Familia Dominicana (Monjas, Hermanas y Laicos Dominicos), pero también el recoger esas experiencias y fomentar una mejor reflexión antropológica, teológica y pastoral sobre todos ellos, teniendo en cuenta desde luego las consideraciones y orientaciones de los últimos Capítulos Generales, para poder darnos y dar a los demás una razón más clara de su importancia y significado. Otro de sus consejos fue el procurar ir generando en nuestras distintas entidades lo que él llamó como “discipulado”, es decir, el que procurara que hermanos más jóvenes de las distintas entidades se fueran incorporando por convicción y de manera espontánea en este servicio, contando siempre desde luego con los Promotores de las Zonas y sus respectivos Superiores. Estoy seguro que la primera de las recomendaciones ha venido siendo ya satisfecha sobre todo en los Seminarios Regionales de Justicia y Paz, hasta tal punto que el próximo Dossier CIDALC, cuyo título es ¿Con qué derecho?, recoge el importante material del Seminario organizado por la Comisión de Justicia y Paz de la Familia Dominicana en el Cono Sur el 2003. Un material de semejante calidad emanó del Seminario sobre tierra, agronegocios y migraciones que la misma zona organizó en mayo pasado en Asunción, Paraguay. Actualmente se prepara para finales del mes de noviembre un Encuentro de la Familia Dominicana de la Zona Centroamérica-México en El Salvador, también sobre el tema trabajo y migraciones, y se está en pláticas con el Promotor de los países bolivarianos y la Promotora Regional de las Hermanas, para organizar otro Taller Seminario sobre este tema, probablemente en la segunda mitad del mes de junio de 2006. Una reunión Norte-Sur de la Familia Dominicana, con el propósito de recoger nuestra memoria martirial por la predicación dominicana del Evangelio en los últimos años, tendrá también lugar en El Salvador los primeros días del próximo mes de diciembre. Pienso que de todos estos Encuentros se va destilando una rica reflexión colectiva, que responde a las expectativas del Maestro. A comienzos del año próximo estaremos en mejores condiciones para organizar algún Encuentro, Seminario o Taller en El Caribe, contando con la participación del Promotor de Justicia y Paz de esa zona.

             Sin embargo, para cumplir también con esa recomendación, en el Encuentro que tuvo en El Salvador el Equipo de CIDALC a finales de marzo de este año, se me sugirió aprovechar la página web de CIDALC para enviar cada mes alguna reflexión dominicana sobre esta dimensión prioritaria de nuestro apostolado dominicano en la región, teniendo en cuenta la doctrina social de la Iglesia. No pude hacerlo antes por los preparativos, realización e inmediata aplicación posterior del último Capítulo de mi Provincia, que me tuvo bastante atareado. También por la situación de mi país, que cada día se encuentra más convulsionada a nivel social y político, y porque tenía que concluir bien mis obligaciones académicas en la Universidad Nacional Autónoma de México, correspondientes al último semestre.

             Para comenzar a dar curso a esa responsabilidad que contraje, porque me pareció muy acertada, incluyo ahora dos textos. Uno ciertamente inspirado en la doctrina social de la Iglesia, que propuse hace algunas semanas a la Comisión Episcopal de Pastoral Social de México, de la que he venido fungiendo como asesor, que probablemente respeta la pluralidad ideológica que existe entre nosotros sobre estas materias. Y otro que consiste en la reproducción de un artículo que acaba de publicar en el Diario “La Jornada”, donde escribo regularmente cada semana, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, sobre un tema crucial para la independencia, soberanía y desarrollo de nuestros países. Aun cuando Adolfo no pertenece a la Familia Dominicana, sino más bien a la Franciscana, pienso que sus reflexiones son también interesantes e importantes para nosotros. 

            Ojalá que con ello haya comenzado a cumplir con esa petición. Y desde luego ruego a los hermanos que quieran ayudarme a cumplirla, que me envíen sus sugerencias o propuestas a mis correos electrónicos: jp@cidalc.op.org ; miguelconcha@derechoshumanos.org.mx ; miguelconcha_m@yahoo.com.mx

 

            Les envío un fraternal abrazo.

 

 

Fr. Miguel Concha Malo, O.P.

Promotor Regional de Justicia y Paz

para América Latina y El Caribe 

 

 

 


A ESPALDAS DEL PUEBLO
Por Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz

(Publicado en el Diario mexicano “La Jornada”, 8 de julio del 2005, p. 13)


Con mucha preocupación vemos la creciente militarización de América Latina y hechos gravísimos como los del Congreso Nacional Paraguayo, que ha sancionado el ingreso de tropas de Estados Unidos por un lapso de 18 meses, desde el 1º de junio del corriente año hasta el 31 de diciembre del 2006. Esta noticia fue denunciada por el Servicio Paz y Justicia de Paraguay.
La historia vuelve a repetirse por aquellos que entre gallos y a medianoche actúan ocultos en la complicidad, al servicio de los intereses extranjeros, en lugar de defender la soberanía y el derecho del pueblo.
Este hecho pone en evidencia la complicidad del gobierno paraguayo y de aquellos legisladores que aprobaron esa sanción a espaldas del pueblo, hipotecando el presente y futuro de Paraguay. Es necesario tener memoria para saber que, cuando entran las tropas de Estados Unidos en un país, no se retiran más. Los hechos lo confirman. Tenemos ejemplos: la base militar en Manta, Ecuador; la de Guantánamo, en Cuba, hoy transformada en prisión y donde se violan los derechos humanos de los prisioneros, y las bases militares instaladas en los países centroamericanos.
Esta situación se agrava teniendo en cuenta la exigencia de inmunidad para las tropas de Estados Unidos, incluyendo el personal civil. Frente a cualquier violación de los derechos humanos y del pueblo que pudieran cometer, gozan de total impunidad, sujeta únicamente a la decisión de Estados Unidos y no del país en el cual pudieren cometer los delitos. Esta situación genera el estado de indefensión jurídica del pueblo paraguayo frente a las tropas estadunidenses, desconociendo el Tribunal Penal Internacional de las Naciones Unidas y el derecho internacional. En el convenio firmado con el gobierno paraguayo, la gran potencia no se responsabiliza de los daños que pueda causar a las poblaciones en la salud y al medio ambiente, ni tampoco a los recursos de la sociedad.
Estados Unidos, en su hegemonía política, militar y económica, tiene grandes objetivos estratégicos para América Latina, basados en su campaña contra el terrorismo y el narcotráfico. Sin embargo, se cuida no hablar sobre el "terrorismo de estado" que aplica en otros países.
Es necesario recordar que Estados Unidos formó en la Escuela de las Américas, en Panamá, y en las academias militares estadunidenses a más de 80 mil militares latinoamericanos para imponer la doctrina de seguridad nacional, que llevó a la implantación de las sangrientas dictaduras militares que asolaron a los pueblos del continente y que hasta el día de hoy soportan sus consecuencias.
Dentro del proyecto de dominación que Estados Unidos busca imponer podemos señalar algunos ejes fundamentales:
1º. El Plan Puebla-Panamá, para el control de Centroamérica y el Caribe. (La reciente invasión a Haití y derrocamiento del presidente Aristide. La agresión a Venezuela apoyando el golpe de Estado al presidente Hugo Chávez, que fracasó).
2º. El Plan Colombia, para la región andina, con la presencia militar en el conflicto colombiano y con la base militar estadunidense en Manta, cedida por el gobierno del Ecuador para el control del Pacífico y la región andina.
3º. La Triple Frontera, donde desde la década de los noventa Estados Unidos viene montando una campaña para definirla como "zona del terrorismo islámico", para justificar la instalación de una base militar que hoy le cede el gobierno del Paraguay. Los cursos previstos a las fuerzas armadas paraguayas estarán al mando del Comando Sur (Souttcom) y el embajador estadunidense, lo cual afecta la soberanía nacional.
Otras son las razones que impulsan el interés de Estados Unidos en la Triple Frontera. Es el acuífero guaraní, una de las mayores reservas de agua potable del mundo, un bien cada día más escaso. Dentro de su estrategia continental están también los conflictos regionales, como la situación cada vez más tensa en Bolivia, país limítrofe con Paraguay, y la cada vez mayor presencia social, cultural y política de los pueblos, a quienes percibe como una amenaza a sus intereses hegemónicos. Y Cuba, que lleva ya más de 40 años soportando el bloqueo unilateral estadunidense.
Con la decisión del gobierno paraguayo, Estados Unidos cierra el círculo de su estrategia hegemónica en América Latina y pone en peligro la soberanía de los pueblos, al imponer junto a su proyecto militar sus otros ejes de dominación como el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la presión y condicionamientos de la injusta e inmoral deuda externa, que deben pagar los pueblos con su hambre, su pobreza y la exclusión social, mientras los gobernantes que los pueblos votaron actúan a sus espaldas, traicionándolos.
Hacemos un llamado urgente al presidente paraguayo y a los legisladores a que no hipotequen el presente y el futuro del pueblo.
Que rechacen la instalación de una base militar estadunidense en territorio paraguayo.
Reclamamos al gobierno y parlamento que actúen con dignidad y en defensa de la soberanía nacional y el respeto que el pueblo paraguayo merece.
Es necesaria la unidad y solidaridad de América Latina en proyectos comunes, y la participación de los pueblos a fin de construir la Patria Grande, libre de dominaciones.

 

Un acercamiento a la realidad que se hace con sensibilidad pastoral


La misión de la Iglesia es continuar la obra misma de Cristo, quien pasó por el mundo haciendo el bien, sanando enfermos y expulsando demonios (Cf. Lc 6, 17-19); es decir, enfrentando la fuerza deshumanizadora del pecado, que desde el corazón del ser humano desfigura el rostro de la humanidad, hecho en el principio a Imagen y Semejanza de Dios, y proponiendo una manera distinta de relacionarse, humana, digna, y solidaria.

“Para cumplir esta misión, es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio” . Para responder a las múltiples preguntas que en la hora presente la humanidad se hace acerca de las posibilidades que tiene de vivir con dignidad, de convivir pacíficamente y del sentido de la vida, es necesario conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus dolores, esperanzas y aspiraciones .

Necesitamos ante todo discernir, en comunión eclesial, las opciones y los compromisos que conviene asumir para que, como levadura en la masa (Cf Mt 13,33), los cristianos podamos influir en las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales necesarias para que los hombres y mujeres, de hoy y de mañana, vivamos con la dignidad que nos es propia. Para hacerlo, dice el Papa Pablo VI, debemos analizar con objetividad la situación propia de cada uno de nuestros países , y de nuestra región.

Es difícil hacer análisis objetivos. Somos parte de las realidades que queremos analizar. Sin embargo necesitamos acercarnos a la realidad como es, no como nos la imaginamos. Se trata de un discernimiento comunitario. Una sola persona no puede lograr la meta de la objetividad. Es necesario recurrir a las ciencias humanas para que más allá de los “datos”, hechos o expresiones, se puedan descubrir sus causas. Este proceso de análisis, tan recomendado por nuestros últimos Capítulos Generales, es necesario para poder reflexionar acerca de la acción inteligente y eficaz que se precisa. Las acciones propias en el campo de la justicia y la paz, tal y como las entiende la Orden, no pueden ser sólo “reacciones” a los acontecimientos, sino que deben estar animadas por una seria reflexión que permita descubrir los llamados de Dios en la Historia, e identificar los niveles subyacentes a dichas causas.

No podemos olvidar que nuestro acercamiento a la realidad lo realizamos como cristianos y como dominicos. Esto hace que nuestro “ver” lo hagamos con perspectiva, situados en un “desde”, con actitudes, identificados en un “cómo” y con criterios propios, orientados por referencias particulares. Para nosotros, estas perspectivas, actitudes y criterios derivan en primer lugar del Evangelio, de la persona y el mensaje de Jesucristo. Los cristianos estamos llamados a acercarnos al tiempo presente del modo como Jesús se acercó a la realidad. Como dominicos tenemos también que hacerlo teniendo en cuenta la manera como Santo Domingo buscó identificarse con Jesús y acercarse a su realidad desde esa perspectiva. Contemplar a Jesús permite a los discípulos descubrir los criterios que guiaron las palabras y las acciones del Señor.


Una perspectiva: la aflicción de nuestro pueblo

En el rostro de Jesús puede contemplarse en primer lugar el rostro del Dios Vivo, del que da testimonio todo el Antiguo Testamento. Es el Dios sensible al dolor, hasta el punto de manifestarse vulnerable. Las palabras del Éxodo, que en la historia del pueblo de Israel sellan el inicio de la gesta liberadora de Dios de la esclavitud del Egipto, permean toda la acción y el mensaje de Jesús (Cf. Ex 3,7-8).

La mirada de Jesús en primer lugar se dirige al dolor de sus contemporáneos, y El mismo se ubica en el mundo de los afligidos. Es desde ahí que expresa la Buena Noticia de un Dios que, sensible al dolor y al sufrimiento, ha comenzado en su persona a instaurar el Reino. El mismo Jesús ha de ayudarnos a recuperar nuestra capacidad perdida o adormecida de indignarnos ante la injusticia. Así pues, el “ver” cristiano y dominicano, hecho con la sensibilidad del Buen Pastor, y con la compasión de Domingo, siempre se hará desde la perspectiva de los que sufren.


Con dos criterios para acercarnos a la contemplación de la realidad

Al acercarnos a la realidad, no podemos atender a los fenómenos sociales de manera indiscriminada. Hemos de relacionarnos con las referencias que hemos elegido para poder dar un significado a los acontecimientos, en función de lo que para nosotros es importante. Nuestras acciones en el campo de Justicia y Paz no pueden prescindir de dos criterios evangélicos fundamentales cuando se ubican en un contexto determinado: la dignidad de la persona humana y la opción preferencial por los pobres, a fin de hacer una relectura de nuestra realidad social como cristianos y como dominicos.

a) El primer criterio: la dignidad de la persona humana

El primer criterio, la dignidad humana, nace del reconocimiento del valor de la persona creada a imagen y semejanza de Dios y redimida por Cristo. De esta dignidad dimanan los derechos y deberes que son propios de toda persona. El ser humano es el primer y fundamental camino de la Iglesia .

En la exhortación apostólica post sinodal Ecclesia in América, el Papa Juan Pablo II nos recuerda que «la mayor obra divina, el hombre, es imagen y semejanza de Dios. Jesús asumió la naturaleza, menos en el pecado; promovió y defendió la dignidad de toda persona humana sin excepción alguna; murió por la libertad de todos. El Evangelio nos muestra cómo Jesucristo subrayó la centralidad de la persona humana en el orden natural (Cf. Lc 22,29), en el orden social y en el orden religioso, incluso respecto a la Ley (Cf. Mc 2,27); defendiendo al hombre y también a la mujer (Cf. Jn 8,11) y a los niños (Cf. Mt 19,13-15), que en su tiempo y en su cultura ocupaban un lugar secundario en la sociedad. De la dignidad del ser humano en cuanto hijo de Dios, nacen los derechos humanos y las obligaciones». Por esta razón, «todo atropello a la dignidad del hombre es atropello al mismo Dios, de quien es imagen» .

b) Segundo criterio: la opción preferencial por los pobres

El segundo criterio, la opción preferencial por los pobres, es una cuestión de fidelidad. Atendiendo al Evangelio, nos damos cuenta que en la persona de los pobres hay una especial presencia del Señor Jesús ; si nuestro compromiso por la justicia y la paz es una acción evangelizadora, debe testimoniar el amor, la providencia y la misericordia de Dios. También la compasión de Domingo por los débiles, por los que sufren, por los pobres y por los pecadores.

Los pobres son la inmensa mayoría de los latinoamericanos y caribeños. En consecuencia, de quienes forman la Iglesia en América Latina y El Caribe. Cada día son más y su pobreza se ha acentuado hasta convertirse en exclusión. Por eso no podemos ver la realidad sino desde su situación, que cuestiona nuestra conciencia. Ver la realidad desde los pobres despierta nuestra capacidad de trabajar “con ellos” y no solo “para ellos”, de tal manera que conservando los valores y la riqueza humana y cristiana que adquirieron en la pobreza, sean sujetos de su propio desarrollo .



Tres actitudes fundamentales


a) La compasión evangélica y dominicana


“Al ver a la muchedumbre sintió compasión”. (Mc 6,34).

La actitud que Jesús asume para ver la realidad es la compasión. Domingo vendió sus libros, glosados con su propia mano, para socorrer a los pobres. Es notoria la manera en que el Evangelio se refiere al “cómo” del ver de Jesús, como dato primero de su acción evangelizadora. Compadecido, extendió la mano para curar al leproso (Mc 2,41); al ver el gentío, que no le daba tiempo ni de descansar, “sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34). Es el Buen Samaritano, que al ver al herido en el camino, “se compadeció de él”, se acercó, lo limpió, lo vendó, lo llevó a una posada, cuidó de él y estuvo dispuesto a pagar de más. (Cfr. Lc. 10,30-36).

La compasión no es una actitud sentimental, que se reduzca a lástima; ni tampoco búsqueda del sufrimiento, que haga de nosotros personas masoquistas. Es una sensibilidad distinta. Es sentir, poniéndose en el lugar del otro, con la capacidad de hacer propia la necesidad del prójimo y hacerse presente en ella con una respuesta eficaz. Con un corazón compasivo Jesús proclama el Reino de Dios, que en su persona se ha acercado al ser humano, de manera especial a los que sufren, a los pobres, a los marginados y a los excluidos. Descubriendo su dolor y situándose en la persona de los que sufren, Jesús se ubica en la línea de la tradición veterotestamentaria más auténtica, en donde Dios toma partido a favor de los más débiles, a través de un amor activo.

Para la proclamación del Reino de Dios, Jesús decide en primer lugar participar del dolor de sus hermanos. Su “com-pasión” lo lleva a denunciar lo que en las relaciones entre los hombres genera violencia, exclusión y muerte. Al mismo tiempo su palabra abre permanentemente la esperanza del mundo nuevo que, Dios en Él ha comenzado.



b) El discernimiento de los signos de los tiempos


“¿Con que saben discernir el aspecto del cielo
y no pueden discernir los signos de los tiempos?”. (Mt 16,3).

La segunda actitud es el discernimiento. Jesús reprocha duramente la actitud de quienes no aceptan la Buena Nueva del Reino, porque son incapaces de descubrir en su persona y en sus obras el inicio de los tiempos mesiánicos. Sólo veían en él lo que querían ver; por eso lo calificaron de estar “fuera de sí” (Mc 3,21); de realizar señales con el poder del demonio (Mc 3,22), o de ser cuando mucho el profeta que habría de venir (Lc 9,19), y lo descalificaron por su procedencia y por su familia (Mc 6,1-3). Teniendo ojos no veían, y teniendo oídos no oían, porque su corazón se había endurecido.

El discernimiento es una cualidad de la mirada del cristiano. El Dios que nos revela Jesucristo es el Dios de la historia, y la historia es el lugar donde se hace presente la salvación que nos ofrece. Dios nos habla a través de signos que van señalando la realización gradual de su plan de salvación en la historia de la humanidad. Es necesario saber identificar y leer esos signos.

Discernir es ver la historia como el lugar donde se hace presente la salvación de Dios; es entre otras cosas tener la sensibilidad para descubrir lo que humaniza. Los signos de los tiempos, desde la presentación que de ellos hace el Concilio Vaticano II, tomando en cuenta precisamente la reflexión teológica de algunos de nuestros hermanos dominicos, nos permiten reconocer que el mundo y la historia son lugares teológicos. En el momento histórico visto con esta actitud, se descubre la capacidad de acoger la revelación de Dios y hacer que signifique vida para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo. Al acercarnos a los acontecimientos, los leemos desde una perspectiva teológico-ética. Los signos de los tiempos son una clave para la comprensión objetiva de los fenómenos y las situaciones, que invita a su discernimiento, que hace posible la denuncia profética ante las estructuras de pecado y que finalmente abre a la esperanza de la realización del plan de Dios.

Los dominicos debemos estar dotados de una capacidad de discernimiento crítico, que nos permita hacer la interpretación de las situaciones históricas que nos toca vivir. Esta interpretación “encuentra el principio cognoscitivo y el criterio de las opciones de actuación en una realidad nueva y original, a saber, en el discernimiento evangélico; es la interpretación que nace a la luz y bajo la fuerza del Evangelio, del Evangelio vivo y personal que es Jesucristo, y con el don del Espíritu Santo. De este modo, el discernimiento evangélico toma de la situación histórica y de sus vicisitudes y circunstancia no un simple «dato», que hay que registrar con precisión y frente al cual podemos permanecer indiferentes o pasivos, sino un «deber», un reto a la libertad responsable, tanto de la persona individual como de la comunidad” .


c) Con profunda esperanza


“Levanten la cabeza porque se acerca la hora de su liberación”. (Lc 21,28).

La tercera actitud que se propone para mirar la realidad está dada por la esperanza. Ante el hoy de angustia y de dolor que toca a decenas de millones de hermanos en América Latina y El Caribe, se busca siempre reconocer que en Jesús se ha abierto la puerta a una realidad completamente nueva, capaz de poner fin a los sufrimientos que se padecen. Mirar a nuestro Continente, tan extraordinariamente bendecido por Dios, no puede hacerse sino con una actitud de esperanza, que pueda iluminar el tiempo presente, tratando de hacer descubrir cómo la nueva creación intenta abrirse paso en nuestra historia común.

La esperanza cristiana nos invita a ver la historia con sano optimismo, de manera que descubramos en los tiempos que nos toca vivir nuevas oportunidades, contemplemos nuevos caminos de salvación y nuevos signos de la presencia del Señor en la historia. “Estamos viviendo una historia de salvación: ya está establecida la nueva y definitiva alianza. Ya hemos sido redimidos en Cristo Jesús, y el Santo Espíritu nos ha consagrado y sigue alentando el camino de la humanidad. Vivimos “en esperanza” la novedad que nos ha sido concedida, tenemos certeza de la luz, “aunque es de noche” .

La esperanza cristiana nos invita a ver la historia no sólo con sano optimismo; es más que una actitud optimista, está alentada por la promesa de la vida eterna, e implica en el cristiano fe probada (como la de María que confía plenamente en su Señor), convicción, perseverancia y permanencia en esa certeza de la luz.

El encuentro con Jesucristo, por medio de su Espíritu, nos abre a la esperanza, y ésta nos lleva a intuir la certeza de que las dificultades, por muy graves que parezcan, serán superadas. No podemos dejarnos llevar por la tristeza, ni por la frustración, porque como creyentes confesamos que el mal no tiene la palabra definitiva sobre nuestra historia y que el Reino es semilla, levadura y una tensión permanente que jalonea nuestra historia hacia la plenitud.