RADIOGRAFÍA DE LA PENA DE MUERTE EN EL MUNDO

Inédito empeño internacional para la moratoria del Jubileo

Después de repetidas llamadas del Papa, la campaña internacional para una moratoria de las ejecuciones en el 2000, promovida por la Comunidad de San Egidio, lleva ya recogidas más de 2.000.000 de firmas en Europa. Pero ¿cuál es hoy la situación de la pena de muerte en el mundo? El informe anual de Amnistía Internacional sobre la pena capital es el siguiente: 1813 ejecuciones en 31 países en 1999, una tendencia a la disminución en las sentencias ejecutadas respecto a 1998, cuando las ejecuciones verificadas fueron 2.258.

En cualquier caso, según el informe, «es imposible proporcionar la suma  total, porque muchos países deliberadamente mantienen en secreto los números reales de las ejecuciones para eludir la condena internacional». Aunque haya un descenso en el número de ejecuciones, durante el año pasado  en 63 países se han dictado más de 3.857 condenas capitales. China continúa siendo la nación que ejecuta ella sola más condenas a muerte que en todo el resto del mundo: por lo menos 1.077 certificadas, pero la cifra real se estima mucho más elevada. Mas de 100 han sido las ejecuciones en Congo, mientras que en Estados Unidos han sido ajusticiados 98 prisioneros, 30 más que en 1998. El 85% de las ejecuciones se concentran en China, Congo, Irán, Arabia Saudita y Estados Unidos, aunque numerosos testimonios refieren  cientos de ejecuciones en Irak, pero no es posible determinar cuántas han sido ejecuciones legales y cuántas sumarias. Según Amnistía Internacional, se puede dar la bienvenida al nuevo milenio con significativos progresos en cuanto a la abolición de la pena de muerte: «Al final del siglo pasado sólo tres países habían abolido permanentemente la pena de muerte. Hoy, al inicio del siglo XXI, 108 países han abolido la pena de muerte en el derecho o en la práctica», afirma el informe.

Recientemente, y a pesar de su preeminencia en las ejecuciones capitales, China ha conseguido, por noveno año consecutivo, evitar la censura de la Comisión de la ONU para los derechos humanos. No ha sucedido así con otros países, menos fuertes diplomáticamente, que han sufrido sin embargo condenas por violaciones de los derechos humanos. Los países censurados son Congo, Irán, Sur de Líbano, Irak, Afganistán, Guinea Ecuatorial, Burundi, Ruanda, Birmania, Sierra Leona, Cuba, Sudan y la ex Yugoslavia.

Nueva corriente mundial contra la pena de muerte

El Coliseo se ilumina cada vez que una condena no se ejecuta. Es el signo de esperanza que en el año del Jubileo se ha encendido ya diez veces. Una por la moratoria decidida por Filipinas. Han sido fundamentales las llamadas que el Papa no se cansa de dirigir contra la pena de muerte. Comenta Mario Marazziti, coordinador de la campaña internacional para una moratoria de las ejecuciones en el 2000, promovida por la comunidad de San  Egidio, que «en estos cuatro meses se han alcanzado resultados importantes». Dos millones de firmas de 128 países se han depositado recientemente en el Parlamento Europeo. «Es probable que ahora, después de nuestro llamamiento, la Unión Europea presente una moción a la Comisión de la ONU de los derechos Humanos en Ginebra».

Ello podría resultar, en el plano político-institucional, en un llamamiento para la suspensión de las condenas capitales en el año del Jubileo, en torno al cual se está reuniendo un movimiento de presión internacional. Ya son más de dos años los que lleva la comunidad de San Egidio trabajando en la recogida de firmas para presentar a las instituciones y, lo que es más importante, crear un gran movimiento en la opinión pública contra la pena de muerte. «Negación del derecho a la vida», «no menos abominable que la tortura», una práctica que confirma «el primado de la represalia»: éstas son algunas de las expresiones del texto que pide «a los gobiernos de cualquier parte del mundo observar una moratoria de la pena de muerte en el año 2000».

Basta con visitar http://www.santegidio.org/ para hacerse una idea de este movimiento que se está formando espontáneamente en defensa de los condenados a muerte. No faltan las firmas de los líderes históricos de los activistas por los derechos humanos, como la de la hermana Helen Prejean o la de Pierre Sané, presidente internacional de Amnistía internacional. «Se está transformando de hecho --apunta Marazziti-- en un llamamiento unitario de todo el movimiento contra la pena de muerte» a personajes de la cultura, hombres de Iglesia, políticos italianos y extranjeros, además de asociaciones, parroquias, sindicatos… Una llamada que no sólo ha superado las fronteras de Europa, sino también las tradicionales pertenencias religiosas y confesionales.

«El hecho inédito --dice Marazziti-- es que se está formando un frente ecuménico e interreligioso»: son numerosas las adhesiones de Iglesias cristianas no católicas y de sus representantes (anglicanos, metodistas, confesiones evangélicas y luteranas); la Unión de la comunidad hebrea italiana y algunas asociaciones sintoístas y budistas; la firma tal vez más interesante por los posibles desarrollos culturales y políticos es la del presidente de Indonesia, Abdurrahman Wahid, cabeza del estado musulmán más poblado del mundo.

«En oriente y en el Islam hay una concepción de la justicia y del hombre distinta a la occidental. La moratoria, suspender las ejecuciones para reflexionar en nuevas formas de derecho, es un hecho importantísimo y hasta la fecha sin precedentes», afirma Marazziti. Un movimiento internacional contra la pena de muerte que podría hacer sentir su peso incluso en la campaña presidencial de Estados Unidos: «Existe hoy la convicción de que la mayoría de la sociedad americana quiere la pena capital. Si se forma una fuerte corriente de opinión pública contraria, los candidatos tendrán que negociar éste aspecto». Por ello la  convocatoria de octubre próximo en San Francisco de una convención internacional contra la pena de muerte.