APORTES PARA LA FORMACION Y LA VIDA INTELECTUAL
DE LA OPMateriales proporcionados por Fr. Carlos Cáceres, O.P, Promotor de Formación y Vida Intelectual CIDALC
- “Ve y predica”- Huellas de Pablo en la vida de Domingo- Fr. Gabriel M. Nápole OP
- LA TEOLOGIA DE YVES CONGAR- Battista Mondin
- San Alberto Magno: Grandezas y sufrimientos de una vocación intelectual.
- Yves M. Congar, O. P.
- ¿QUE PASA CON LAS HOMILÍAS? Martín Rodríguez G
- LA BIBLIA Y SU COMPRENSION EN AMERICA
Informe presentado por el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga
- EL CINE COMO POSIBLE "LOCUS THEOLOGICUS"- Mons. Bruno Forte
- COMPROMISO PROFÉTICO QUE NOS PIDE LA VIRGEN DE GUADALUPE
HOMILÍA DE FRAY RAÚL VERA LÓPEZ, O.P.OBISPO DE SALTILLO CON MOTIVO DE LA PEREGRINACIÓN ANUAL DE LA DIÓCESIS A LA INSIGNE Y NACIONAL BASÍLICA DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE
La Misión de la Orden de Frailes Predicadores en
Providence, Cracovia y Bogotá
Una aproximación
Estuardo López Milián OP
Estamos a punto de cumplir 800 años como Orden; a lo largo de estos siglos, a ejemplo de nuestro Padre Santo Domingo, hemos tenido como interlocutores de nuestro ser y quehacer a Dios, el mundo y los seres humanos, por supuesto, en contextos histórico-culturales diferentes y, todos estos interlocutores y contextos han marcado nuestra misión. En cada momento histórico hemos tenido que inventarnos y reinventarnos.
Por otro lado, los dominicos en Centroamérica nos disponemos a un Capítulo Provincial, y por tanto, nos disponemos a reflexionar y discernir sobre nuestra misión, en este siglo XXI. En este sentido, ha habido hermanos que han compartido con nosotros sus sueños que nos invitan y motivan a reinventar nuestro ser y quehacer no solo para revitalizar nuestra vocación de servidores/testigos de la Palabra, sino que además para ser testigos de la vida humana con sentido, vida fundamentada en una profunda y auténtica espiritualidad.
En este contexto reflexiono/comento algunos aspectos que de manera personal me parecen importantes y que podrían ayudarnos en nuestro discernimiento y preparación al Capítulo. Estos aspectos están directamente relacionados con los últimos tres Capítulos Generales, a cómo han abordado la misión tomando en cuenta nuestro responsabilidad intelectual.
Ahora bien, antes de abordar los últimos Capítulos quisiera hacer referencia, como introducción a la Relatio del Maestro de la Orden Damian Byrne, respecto del Capítulo de Oakland. De este informe quiero destacar los siguientes aspectos:
a) Respecto de la Formación Permanente:
“El Papa Juan Pablo II ha dicho que el próximo Sínodo de los obispos, en octubre de 1990, tratará de las posibles vías para una "actualización cultural y espiritual de los sacerdotes". Añadió: "si uno no se mantiene como hombre de su tiempo se atrasa, y quien se atrasa, queda descalificado para cumplir su misión, siguiéndose, inevitablemente, la frustración". No se trata, pues, sólo de un asunto intelectual. El Papa habla también de factores culturales y espirituales; las consecuencias de rehusarnos a buscar la actualización tiene repercusiones no sólo en el orden intelectual sino que conlleva la insatisfacción”
Si bien es cierto, el MO se refiere a un acontecimiento eclesial, más allá de la Orden, también es cierto que como dominicos nos hemos de sentir totalmente involucrados y reflejados en estas palabras.
Se puede deducir, por tanto, que en la medida que haya una actualización cultural y espiritual en nuestra entidad dominicana, en esa medida no sólo se hará efectiva la misión, sino que además nuestra realización y plenitud como seres humanos estará unida intrínsecamente a nuestra misión.
b) Respecto de la Formación Institucional y la continuidad de la Misión
“No podemos ver a los jóvenes como quienes nos han de reemplazar en los trabajos que hacemos o en las instituciones que sostenemos. Ellos lo harán ciertamente, pero no podemos ver en nuestras vocaciones sólo a sustitutos inmediatos o a tapahuecos. Tampoco ha de hacerse que los jóvenes inventen una nueva Orden o hacerles navegar por aguas desconocidas. Los jóvenes han de comprender en su experiencia que existe una institución y sus obligaciones para con ella. Es cierto, sin embargo, que existen nuevas necesidades y que debemos estar preparados para poder hacer los cambios estructurales dando a la gente la libertad para responder a las nuevas necesidades de un modo creativo; incluso cometiendo errores, ya que no hay generación sin éxitos ni errores, y no podemos pretender que las cosas sean ahora diferentes.”
Estas palabras del MO nos alertan sobre tres aspectos importantes, a saber:
-La formación ha de estar en función de la misión;
-Sin embargo, esta misión no es algo estático e inmutable,
-Y, por tanto la misión ha de estar siempre actualizada, sabiendo que el presente
y el futuro se construyen con base en el ensayo y error.
También la Relatio del MO pone sobre el tapete, que las diferentes comunidades y proyectos de los hermanos han de contribuir con su testimonio y servicio pastoral, además de lo que se les pueda solicitar, a enriquecer el proceso de formación de los hermanos formandos.
Siguiendo el informe de la Orden, en este aspecto, también se habla que las Provincias han de tomar en cuenta que la formación, en algunos momentos ha de contemplar el carácter internacional de la Orden, en el sentido de que la formación, en determinadas ocasiones podría involucrar a varias entidades, sin menoscabo de la identidad y proyección pastoral de la entidad.
Basten estas dos breves alusiones de la perspectiva de un MO, para sensibilizar el abordaje de la Misión en los últimos tres Capítulos Generales.
I. La Misión de la OP en Providence
Plantea dos aspectos, que me parece no lo suficientemente integrados, pero sí enriquecedores:
1. Humanizar la Globalización
2. Desafíos para la misión del Predicador
“Nuestra tradición intelectual y espiritual nos conduce a proponer, hoy como ayer, una nueva experiencia y comprensión de Dios, del hombre y, por consiguiente, del mundo; dicho de otro modo, una antropología cristiana. Para nosotros, predicadores que hemos consagrado nuestra vida a la Palabra, esa antropología subraya la importancia de la inteligencia y de la palabra humanas como lugares y medios del conocimiento de Dios, del mundo por Él creado y del hombre hecho a su imagen y semejanza.” No 46
a. Implica un nuevo discurso sobre Dios.
i. Es decir, no solo una nueva epistemología del Theós, -no solo un nuevo discurso sobre Dios-.
ii. Implica también una nueva forma de presentar esa nueva compresión de Dios.
b. Implica un nuevo discurso sobre el ser humano.
i. Es decir apunta a nueva antropología que dé razón del ser humano en la situación actual.
ii. Esa nueva razón antropológica ha de ser también, por tanto ética y necesariamente social.
c. Implica un nuevo discurso sobre el mundo/sociedad
i. Esto es no sólo una nueva comprensión cosmológica, como si nosotros estamos en algún lugar etéreo y desde allí vemos/experimentamos el mundo, sino que nuestra concepción y experiencia cosmológica se realiza estando nosotros dentro del mundo.
“Mas aún, la palabra caracteriza y distingue a la persona humana dentro del mundo creado. Promover la capacidad de expresarse, de dialogar, de buscar y decir el sentido de la existencia y sus dificultades, es promover la humanidad y transformar el mundo. Por eso, para nosotros, dominicos, la predicación no consiste únicamente ni en transmitir un saber ni en proponer una nueva visión de Dios, del hombre y del mundo, sino en ofrecer, en una palabra que deseamos fraterna y profética, la Palabra viva que hace de quien la recibe un sujeto a su vez capaz de tomar la palabra, capaz de responsabilidad, de compromiso y de alianza con otros”. 47a. implica un nuevo tipo de inteligencia
i. Es decir, la capacidad de aprehender la realidad humana en la situación mundanal que se encuentra, y no en otra. Mundanal en el sentido de mundo, creación, medio.b. implica que los otros seres humanos son interlocutores válidos
i. Es decir, cada persona, por el hecho de ser persona, se constituye en posibilidad creativa de convivencia, tolerancia y respecto. Sujeto de amor.
ii. Y también en sujeto de diálogo, réplica y con capacidad de disentir.
c. Implica que la Palabra que se da no es solo una theoría que se repite, sino una acción reflexionada que transforma, humaniza y enriquece el lo que realiza el ser humano. Es decir, contribuye a dar sentido y plenitud, denunciando lo que inhumaniza y apuntando creativa y activamente hacia un horizonte con mejores posibilidades de creación de sentido humano.
“En cualquier lugar donde se encuentran, los dominicos escuchan la llamada de aquellos que los rodean. Desde la experiencia de sus ministerios han extraído algunos temas recurrentes, dignos de tenerse en cuenta. Ya en Capítulos anteriores, al tratar las "prioridades" y la "misión de fronteras" se consideraron algunos tópicos que constituían verdaderos retos para la misión de la Orden. Los temas que siguen a continuación y que han sido elaborados desde algo que ya se vio previamente, tienen una influencia singular en la Orden y en el ministerio diario de cada uno de nosotros. Al mismo tiempo, los dominicos podrán comprobar que cada realidad contiene significados diferentes según las distintas culturas alrededor del globo. Realidades y temas están aquí agrupados en tomo a tres áreas.” 64
a. implica preguntarnos ¿quiénes nos rodean?, ¿qué escuchamos?
i. Es decir, estamos atentos a las voces, vidas de quienes rodean.
ii. Implica entonces, también, que comprendemos lo que escuchamos.
b. Implica preguntarnos ¿cómo nos dejamos afectar por la realidad?
“La multiforme crisis acerca de la dignidad humana es también una crisis acerca de Dios. Pertenece al estudio dominicano aprehender el vínculo entre las dos, buscando hasta dónde nuestra pérdida de Dios lleva en última instancia a nuestra pérdida de la dignidad humana y encontrando nuevamente ambas cada una con la otra. Por esta razón es tan imposible para un estudio dominicano dejar de lado las preguntas fundamentales acerca de Dios, la historia de la salvación o las últimas verdades de la creación, como lo es dejar de lado los interrogantes por la paz, la justicia y el servicio a que nos lleva el Evangelio.” 113
a. implica que somos capaces de aprehender relación Dios-Ser humano.
b. Implica que en ello se constituye nuestra misión.
“En este diálogo debemos tener cuidado de no perder "La pasión por la verdad última y nuestro ardor por la investigación". Esto requerirá que desarrollemos una nueva teología de la misión y evangelización al enfrentarnos a una crisis de sentido, una pluralidad de teorías con las que podemos no estar de acuerdo, e incluso a la indiferencia. El verdadero diálogo implica profundizar en nuestra propia identidad y permitimos a nosotros mismos ser verdaderamente vulnerables, de modo que podamos escuchar a los demás y oír su dolor.” 123
a. implica una nueva teología de la misión
i. el cristianismo, la Iglesia y la Orden Predicadores nacieron cuando salieron de sí mismos para ir al encuentro de los otros, sabiendo que el mensaje que se llevaba, era para iluminar y dar sentido a la vida de los oyentes.
b. implica una postura de diálogo y apertura a lo diverso y plural.
c. Implica, también la capacidad de entender y recibir el sufrimiento y el dolor, con misericordia, de tal manera que todo nuestro ser tienda a la compasión y a la búsqueda no sólo de aliviar a quien es víctima del mal, sino que además procurar desde la riqueza espiritual procurar una ética que promueva la convivencia humana en relaciones de justicia, libertad y fraternidad.
“Primero que todo, ¿acaso no nos falta motivación para los estudios superiores? Aunque en principio aceptamos esta misión, en la práctica, con frecuencia nos falta tomar conciencia tanto de su urgencia y dificultad, como del hecho que la Iglesia lo espera de nosotros. Desde el comienzo de la Orden, los dominicos fueron conocidos como hombres y mujeres que se dedicaban al ministerio de la Palabra de un modo singular, apoyados por el estudio y el aprendizaje. Necesitamos una conversión del corazón, una metanoia, que una vez más haga de este ministerio una prioridad para nosotros.” 126
Aunque está lo suficientemente claro, pues queda en evidencia que sin proceso honesto, profundo y disciplinado de la búsqueda de la verdad, no se puede responder a las inquietudes de los seres humanos. Paul Tillich afirma, entiendo, que el creyente-teólogo ha de ser un ser humano que escucha las grandes interrogantes de la sociedad y, a partir de discernir con la Palabra recibida, se podía responder con/desde la fe tales cuestionantes. Y esas respuestas no se improvisan. Se construyen, se preparan, se buscan.
II La Misión de la OP en CracoviaPlantea 2 aspectos de la misión de la Orden de Frailes Predicadores.
1. Ir más allá de las fronteras. Imagen de Santo Domingo de ir a donde los cumanos.
2. Nos encontramos entre la belleza y humillación humana
“Como Domingo no somos sino mendigos que esperan en silencio una palabra de Dios y de los demás.”48
a. implica que la contemplación se realiza en dirección a Dios y a la humanidad.
i. Es decir, en la contemplación como tal, se contempla al ser humano y se contempla a Dios, la “revelación” se produce apuntando en las dos direcciones.
b. Implica una capacidad de saber “escuchar”, de saber recibir.
i. Implica el escuchar, ser “obedientes” a lo que se escucha, no tergiversar el mensaje recibido, contemplado, tanto de Dios como de los seres humano.
ii. Implica vaciarse de todas las conclusiones, seguridades y ordenamientos para “llenarnos” de la nueva revelación.
“En este mundo tendremos algo que decir, solo si se trata de una palabra que hemos sufrido, una palabra por la que hemos luchado y una palabra por la que hemos orado Y esta respuesta – como la del centinela de Cracovia, cuyo toque de trompeta se interrumpe abruptamente cada hora- podría ser una palabra que termine en el silencio, como única respuesta adecuada ante el sufrimiento de la humanidad o ante la inmensidad del misterio.” 51
Implica que el silencio también es elocuente. Sí y solo sí, nuestra presencia se declara con humildad, sin respuestas, porque tampoco tenemos respuestas para nosotros mismos.
“Amamos nuestro mundo, pero nos duele el mundo porque constatamos que muchas personas viven en una situación de miseria que les genera sufrimiento, inseguridad y miedo que lleva a su vez a un desequilibrio mundial y a la deshumanización de la persona y su entorno”. 57
Implica nuevamente la belleza y la humillación.
El mundo es bello, la creación humana lo es también, cuantas cosas evidencian la creatividad y posibilidades humanas. Negarnos a ver, descubrir y valor todo esto implica negarse a ver con esperanza hacia adelante.
Pero también no hay que ser ingenuos, pese a tanta belleza, hay también humillación, miseria y muerte. Hay algo que nos fragmenta, divide y destruye. No importa donde estemos, quienes seamos ni a donde vayamos.
“Que Dios "baje" y "suba" nos habla de su voluntad de encuentro dialoga1 con la humanidad: Dios llegó primero. Predicar en clave evangélica es reconocer este hecho, que se expresa no sólo en las "semillas del Verbo" diseminadas por las culturas, sino también en la búsqueda, las inquietudes y los deseos de plenitud que anidan en lo más profundo del corazón humano.” 65
El Misterio ha llegado/está antes de nuestra llegada o especulación
“El estudio, búsqueda de la verdad, es inseparable de la misión de predicación de la Orden. El Capítulo de Providence habla de la misión intelectual de la Orden como de una "misericordia de la verdad" (Misericordia veritatis, P 104-201). Remitimos a ese texto, que sigue siendo capaz de inspirar la vida intelectual de la Orden, y sobre el cual se funda lo que queremos proponer aquí.” 124
Una vez más estudio-misión intrínsecamente unidos.
III La Misión de la OP en Bogotá
La misión parte de 4 principios
a. El predicador es en primer lugar el hombre del encuentro y del diálogo.
b. El predicador es enviado en misión para amar al mundo siguiendo a Cristo,
cuya presencia desea revelar.
c. El predicador tiene por claustro el mundo.
d. El predicador es miembro de la familia dominicana.
“El Capítulo nos ha dado la ocasión de tomar conciencia de que ciertas Provincias son más frágiles que otras y que no todos los frailes pueden estar igualmente implicados en las innovaciones apostó1icas que suscita el nuevo estado del mundo. No obstante, participamos todos en la misma misión y a todos dirigimos una llamada a renovar juntos nuestro impulso espiritual, apostó1ico, personal y comunitario.” 57
Un ritmo de misión, en el cual no todos entran. Resalto esto porque si en el CG se constata que no todos los frailes pueden tener el mismo ritmo en la innovación apostólica, por tanto no todos deben pasar por lo mismo. Algunos ciertamente no podrán. Podríamos aplicarlo perfectamente a nuestra Provincia.
“Animados por una espiritualidad de la Encarnación, la preocupación por la humanidad de cada uno está en el corazón de nuestra manera de seguir a Cristo y de anunciarlo. En un mundo en el que lo humano es con frecuencia olvidado, aislado, despreciado, dar testimonio de esperanza significa muy a menudo, ante todo, ayudar a las personas a descubrir cómo son fundamentalmente iguales y que, en virtud de ello, tienen derecho a ser diferentes. Esto significa también contribuir a que los muros que se levantan entre personas, grupos, estratos sociales, sean derribados a fin de que se establezca el reencuentro del que habla el profeta Isaías (Is 60).” 64
Una misión que implica derribar muros. Divisiones, la OP se constituye por tanto en signo de reconciliación. Signo de unión que se funda en el hecho que Dios se hace hombre, y el ser humano alcanza la divinidad. Por tanto la humanización lleva a la divinidad – lo absoluto trascendente-. Lo cual se traduce en lazos fraternos de sana convivencia.
“La predicación de la Orden está marcada por claras convicciones: promoción de la libertad, búsqueda de la verdad, actitud de diálogo, confianza en la inteligencia, atención a la humanidad de cada persona, esperanza en la comunión, respeto a cada uno en su búsqueda de la verdad. Nosotros mismos vamos buscando la verdad, estamos llenos de incertidumbres, y a veces somos poco hábiles para establecer el diálogo entre nosotros y con otros. Creemos sin embargo que esas convicciones confieren al predicador la misión de propiciar, a través del diálogo, un mundo de esperanza y de compasión, de promover los valores del evangelio y de contribuir a revelar la presencia de Dios a los hombres.” 78
La Predicación, por tanto, es creadora de sentido, ensanchadora de horizontes para otear nuevos mundos. La Predicación no se atiene a lo predeterminado, ni se acomoda a lo establecido, apunta siempre hacia delante, aunque no siempre con la suficiente habilidad para responder a las inquietudes y necesidades de los seres humanos. Lo que implica que hay que pensar también en el fracaso, como forma de enriquecimiento de la Predicación.
“El estudio es una parte de nuestro peregrinar hacia la contemplación de Aquel en quien encontraremos la felicidad plena. Misericordia Veritatis (cf. ACG 2001, 104-135), ofrece una profunda búsqueda sobre cómo todo en nuestra vida dominicana: predicación, contemplación, búsqueda de la justicia, tiene su raíz en la vida de estudio. No es necesario repetir aquí lo dicho en ese prólogo, que debe permanecer como punto de referencia sobre cómo entiende su misión la Orden.” 100
Estudio-predicación-búsqueda de la verdad, de nuestra propia verdad y la de nuestro mundo. Verdad que se apunta en el conjunto del quehacer humano, teniendo en cuenta lo construido, para volver a construir y apuntar más profundamente al fundamento de todo cuanto existe.
“Santo Domingo “Evangelium s. Matthaei et Epistolas s. Pauli secum ferebat, fratres duxit ad scholas et misit in maiores civitates ut studerent, et praedicarent et conventum facerent” (LCO 76). Este icono puede inspirar a cada fraile, en particular a los que ejercen la autoridad, y por tanto al Prior provincial. Hoy se trata sobre todo de promover el estudio y las condiciones necesarias para el estudio (LCO 87). Santo Domingo invita a cada Prior provincial a estimar y practicar el estudio, sin el cual no podrá reconocer los signos de los tiempos (LCO 339, 1°). Nuestra tradición le invita también a practicar la quaestio como disciplina intelectual, empezando por el orden del día del Consejo de provincia. Más aún, Santo Domingo, al optar por estudiar a Mateo y a Pablo –diferentes y complementarios a la vez–, es el icono inspirador de la tarea del Prior provincial: permitir a quienes tengan orientaciones teológicas diferentes que se escuchen, que dialoguen y que se inserten en la vida de la Provincia.” 122
La vida intelectual, también es una forma de ejercer el gobierno. Es decir, gobernar, ejercer la autoridad es de alguna manera liberar las amarras para la búsqueda de la verdad y su respectiva predicación. Es decir, el gobierno desde su identidad fundamentada en el estudio buscar hacer posible que se libere la peregrinación en la construcción y contemplación de Dios y de los seres humanos.
A manera de Reflexión Final
Lo realizado, responde, por supuesto, a una lectura parcial e interesada de cómo la OP en los CG ha abordado la misión. Me he limitado a deducir consecuencias y/o hacer comentarios, con lo que se puede estar de acuerdo o no. Lo expuesto es con el fin de animar el proceso de preparación al Capítulo. Inicialmente, la presentación de los Capítulos Generales, también incluyó un comentario a los últimos capítulos viceprovinciales. Ahora solo se presentan los generales.
Todos estamos invitados/motivados a continuar expresando nuestro sentir y parecer al respecto de nuestra misión en el siglo XXI como dominicos en Centroamérica.
Finalmente comparto la siguiente reflexión, que requiere de darle de más cuerpo, pero que busca provocar a los hermanos.
Los tres CG abordados en el tema de la misión tienen 3 supuestos importantes, a saber:
a) Los dominicos tenemos experiencia de Dios.
b) Los dominicos tenemos experiencia del ser humano y del mundo.
c) Los dominicos sabemos “ser puentes” entre Dios , el mundo y los seres humanos.
Ahora bien, valdría la pena que estos tres supuestos los planteáramos como pregunta, para ver iluminar nuestra misión en Centroamérica, de la siguiente manera.
1. ¿Cuál es nuestra experiencia de Dios? ¿La tenemos? (nadie da lo que no tiene)
2. ¿Cuál es la experiencia de mundo y del ser humano que tenemos?¿conocemos nuestra realidad?
3. ¿Realmente sabemos integrar/vincular, hacer puente entre nuestra experiencia de Dios y nuestra experiencia mundanal y de los seres humanos?
Con ánimo fraterno
Arriba
“Ve y predica”
Huellas de Pablo en la vida de Domingo[1]Fr. Gabriel M. Nápole OP
En los primeros meses de 1217 Domingo se encontraba en Roma. Un grave contratiempo se había cruzado en sus planes: El Papa Inocencio III había fallecido en Perusa el 16 de julio. Dos días después era elegido Honorio III. ¿Cuál sería la actitud del nuevo Papa ante su fundación? La respuesta la dieron los hechos: el 22 de diciembre de 1216 la Orden era confirmada solemnemente mediante la bula Religiosam vitam, firmada por el Papa y dieciocho cardenales.
En esos días, nos refiere Constantino de Orvieto que:
Oraba Domingo en la basílica de San Pedro pidiendo a Dios que conservara y aumentara la Orden, vio cómo se le acercaban los apóstoles Pedro y Pablo. Pedro le entregaba un báculo, y Pablo un libro. Le decían: “Vete, predica, porque Dios te ha escogido para ese ministerio.” Dicho esto, le parecía ver a sus hijos diseminados por todo el mundo yendo de dos en dos anunciando la palabra divina.[2]
El padre Vicaire señala que en esta visión Domingo recibe de Pedro el distintivo oficial del mensajero de Dios (el bastón) y de Pablo, la doctrina (el libro). Allí comprendió que debía extender su Orden y hacerla universal, recibiendo la misión directamente de Roma.[3]
Entre los testigos de canonización se encontraba fray Juan de Navarra, quien se había unido a los compañeros de Domingo en 1215. En la dispersión de los frailes, el 15 de agosto de 1217, fue enviado a París. Entre otras cosas, dijo en su declaración:
Fray Domingo aconsejaba y exhortaba con frecuencia a los frailes de la Orden, con su palabra y por medio de cartas, para que estudiaran constantemente en el Nuevo y Antiguo Testamento. Esto lo sabe porque se lo escuchó decir, y vio sus cartas. Dijo también que llevaba siempre consigo el Evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo; estudiaba mucho en estos escritos, hasta el punto de que los sabía de memoria.[4]
Estos dos datos –una experiencia vivida en la oración y la información sobre el “equipaje” de Domingo- vinculan a nuestro padre con la figura de san Pablo. Pero para descubrir las huellas del Apóstol en la vida de Domingo, creemos que hay que ir más allá de los textos y menciones explícitas, y llevar a cabo una relectura de su proyecto y de toda su vida apostólica, descubriendo “debajo” la impronta paulina que hubiera en ellos. Esa labor, ciertamente, nos desborda.
Hemos optado, más bien, por elegir solo siete ejes significativos e ilustrar con las fuentes dominicanas y los textos paulinos, esa influencia tan fecunda para nuestra Orden. Antes, ofrecemos una breve reseña acerca de la relación de Domingo con la Sagrada Escritura.
DOMINGO Y LA BIBLIA
“Mucho más dulce que la miel para su paladar”
Estudios en Palencia (1186-1196 aprox.).
En las últimas décadas del siglo XII, en Palencia enseña la teología al menos un maestro, y su nombre quizás podría encontrarse en alguna de las listas de canónigos que el cabildo ha dejado. Allí aparecen mencionadas figuras tales como Gerardo, Lanfranc, Tello.[5]
Sin embargo, las escuelas de Palencia son célebres, sobre todo, por la enseñanza de las artes liberales. Esto es lo que el joven Domingo va a buscar en ellas. Dice Jordán de Sajonia:
Después [Domingo] fue enviado a Palencia para formarse en aquella ciudad en las artes liberales, cuyo estudio estaba allí en auge por entonces.[6]
El programa de estudios era el tradicional. Se accedía a las siete artes que, a su vez, se encontraban agrupadas en dos secciones: el llamado Trivium: gramática, dialéctica y retórica; y el Quadrivium: aritmética y música, geometría y astronomía.
Domingo, después de detenerse algún tiempo en las materias de la primera, especialmente en la gramática y la dialéctica que podían proporcionarle una formación literaria y lógica, se volcó luego duramente al estudio de la filosofía, que ya en el siglo XII no era una extensión de la dialéctica o de las artes, sino una disciplina nueva, intermedia entre las artes y la teología.[7]
Jordán nos informa:
Una vez que en su opinión las tuvo suficientemente asimiladas [las artes liberales], abandonó estos estudios, como si temiera ocupar en cosas menos útiles la brevedad de la vida. Se remontó al estudio de la teología, y comenzó a quedarse completamente impresionado en contacto con la Sagrada Escritura, mucho más dulce que la miel para su paladar.
De aquí deducimos que Domingo no dedicó los siete años que se tenían como norma general; consideró que cinco o seis años eran suficientes. Por lo tanto, su estancia en Palencia habría sido de diez años: si se sacan los cuatro de teología, el estudio de las artes liberales le habría ocupado seis. Si no prolongó sus estudios hasta el punto de ser él también profesor, cosa que le hubiera dado derecho al apelativo de “maestro”, por lo menos fue un divinus como entonces se decía, esto es, un teólogo bien formado.
Continúa diciendo Jordán:
En estos estudios sagrados pasó cuatro años. Se dedicaba con tal avidez y constancia a agotar el agua de los arroyos de la Sagrada Escritura que, infatigable cuando se trataba de aprender, pasaba las noches casi sin dormir. La verdad que escuchaba, la guardaba en lo profundo de su mente y la retenía en su tenaz memoria.[8]
En ese tiempo, Domingo trabaja sobre la Divina Pagina, es decir, el texto de la Biblia comentado por los Padres de la Iglesia. Tanto se dedicaba que más tarde sabrá de memoria capítulos enteros.
El método de estudio era el siguiente: el maestro analizaba en la cátedra el texto bíblico con la ayuda de los comentarios tradicionales y según los procedimientos de su tiempo. De vez en cuando, procuraba que en la explicación de la letra surgiese una dificultad para discutirse, bien en la clase misma, bien en una disputa, estableciendo un momento propio para ello. Al final de la lección ordinaria, el maestro condensaba su enseñanza en breves frases explicativas llamadas “glosas”, que exponía a sus estudiantes. Sabemos que Domingo, cuando llegaba a su casa, las pasaba a sus pergaminos, donde se había hecho copiar el texto de la Biblia. De manera que tenía un verdadero tesoro: libros con el texto de la Sagrada Escritura y repletos de glosas. Recordemos lo que señalaba fray Esteban, en el proceso de canonización:
Por aquel entonces comenzó a hacer estragos en aquella región un hambre cruel, hasta el punto de que muchos pobres morían de hambre. Fray Domingo, movido a compasión y misericordia, vendió sus libros glosados de su propia mano.[9]
Enseñanza en Roma (1216-1217)
La segunda quincena del mes de septiembre de 1216, Domingo va por tercera vez a Roma, ocupado en que la incipiente fundación fuera reconocida por el nuevo Papa Honorio III. En ese contexto, aprovechó su estancia en esa ciudad para predicar y explicar en las escuelas las Epístolas de San Pablo, además de dar a conocer su Orden de Predicadores. Todo esto le ganó numerosos oyentes y muchas simpatías.[10]
Los cronistas destacaron siempre la preparación bíblica de Domingo. Al respecto, en la escuela del cabildo de Osma a finales del siglo XIII existían veintidós tratados bíblicos sobre un total de noventa obras. No es superfluo preguntarse se ello no habrá sido fruto de la acción de su prior.
Su obra literaria
No conocemos toda la obra literaria de Domingo de Guzmán. Los biógrafos le atribuyen una serie de comentarios bíblicos como resultado de sus enseñanzas en Roma, Bolonia y París. No queda constancia alguna de estos textos, pero entre las obras que se le atribuyen, figuran los siguientes títulos: Super evangelium Mathaei enarrationes; Super Mathei capitulum VIII: Ascendente Iesu in naviculam, ubi omnia navis armamenta ad mores elegantes trahit e In Pauli epistolas lectiones Romae in palatio apostolico dictae.
PABLO Y DOMINGO
“Vete, predica, porque Dios te ha escogido para ese ministerio”
La predicación.
Domingo tuvo en el siglo XIII una intuición verdaderamente profética: el primer paso para el acceso a la fe y para el nacimiento o la reconstrucción de la comunidad cristiana era la predicación, el anuncio de la Palabra de Dios. Dice Felicísimo Martínez:
La predicación es, en el proyecto fundacional de Domingo, el medio específico para servir al fin último de la misión pastoral de la Iglesia: la salvación de los hombres. El anuncio de la Palabra es la primera y esencial actividad pastoral de la Iglesia. Fides ex auditu. Anuncio del kérygma, fe en el Evangelio de Jesús, bautismo en el nombre del Señor Jesucristo para la remisión de los pecados.[11]
Pero en el carisma de la Orden, la predicación de la Palabra va siempre unida a la “salvación de las almas”, que es el objetivo de la predicación. La vida dominicana se organiza en tomo a la predicación para la salvación de otras y otros. En el prólogo de las Constituciones Primitivas de la Orden estos dos elementos, “predicación” y “salvación de las almas”, están íntimamente unidos: “Sabemos que nuestra Orden fue instituida especialmente para la predicación y la salvación de las almas”.[12]
El carisma dominicano tiene entonces, como dos fines. El primero: la predicación, que está ordenado al segundo: la salvación del ser humano. Estas finalidades son las que organizan la vida dominicana. Afirmaba el P. Damian Byrne: “Aunque son muchos los llamados a predicar, se necesita una Orden de Predicadores que recuerde a la Iglesia su misión de predicar”.[13]
Esa salvación es deseada por Domingo para todas y todos. Relata Jordán:
Hacía frecuentemente a Dios una súplica especial: que se dignara concederle la verdadera y eficaz caridad, para cuidar con interés y velar por la salvación de los hombres. Pensaba que sólo comenzaría a ser de verdad miembro de Cristo cuando pusiera todo su empeño en desgastarse para ganar almas, al modo como el Señor Jesús, Salvador de todos, se inmoló totalmente por nuestra salvación.[14]
Por su parte, la reflexión llevada a cabo por Pablo en la actividad evangelizadora y como fruto de ella, le permitió descubrir que junto al mandato de Jesús de anunciar la Buena Noticia (cf. Mt. 28,28-20; Mc. 16,15-18; Lc. 24,47; Jn. 20,21-23), había un plan de Dios concebido desde la eternidad, que consiste en que todos los seres humanos se salven (I Tim. 2,3-4). Ese plan lo reveló Cristo Jesús (Rm. 9,11; Gál. 4,4). El Dios Único, la razón única soberana que está por encima de todas las cosas, tiene un designio universal. El plan de Dios es uno y universal; es –si cabe decirlo así- a su Imagen.
Pablo descubre la universalidad del Evangelio precisamente cuando éste es anunciado fuera del mundo judío. Que los no-judíos lo acepten en sus propias culturas prueba que el plan de Dios es para todos sin distinción (cf. Ef. 3,1-13), es “para todo hombre que cree” (Rm. 1,16). De la pequeña comunidad de Tesalónica “la palabra del Señor resuena en toda Macedonia y Acaya, y la fama de la fe se difunde por todas partes” (I Tes. 1,8). Y escribe a los romanos que da “gracias a Dios mediante Jesucristo por todos ustedes, porque su fe es celebrada en todo el mundo” (Rm. 1,8).
Este Dios único extiende su reinado a todo el universo. Por eso para Pablo, la obra de los evangelizadores no consiste en implantar el reinado de Dios. Esto ya fue realizado por la muerte y resurrección de Cristo. A ellos les corresponde la tarea de proclamar, de extender y de llevar a cumplimiento lo que Dios ha realizado. Puede entenderse entonces que diga:
Predicar el Evangelio no es para mi motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! (I Cor. 9,16).
La “forma” de vida del apóstol.
Ante la forma ostentosa y un tanto espectacular de predicación de los legados pontificios, equipados con una “enorme cantidad de provisiones, caballos y vestimenta”, Diego de Osma tiene un gesto sorprendente. En junio de 1206 se deshace de todo su equipaje para ir a predicar en medio de la pobreza, como, por otra parte, hacían los herejes albigenses. No se trataba sólo de no causar escándalo en un momento en el que por toda Europa existía una “multitud de pobres”, sino de imitar más fielmente la pobreza del Maestro (exemplo pii magistri facere et docere) yendo más “ligeros de equipaje”, más libres. La Bula Papal de aprobación de la Orden habla de la predicación “en pobreza evangélica” (in paupertate evangelica).
En su momento, la evangelización paulina tampoco pretendió ser impositiva ni dominadora. A los corintios, en circunstancias difíciles de la relación, les decía: “No pretendo hacerme dueño de ustedes ni de su fe, sino contribuir a su gozo: en cuanto a la fe, ya están firmes” (II Cor. 1,24). Aunque, como padre en la fe (I Cor. 4,15) se ve obligado en ocasiones a ejercer su autoridad, intenta siempre dar la suficiente confianza para que la comunidad decida por sí misma y aclare sus problemas. Los llama a la responsabilidad en el contexto de la fe (I Cor. 5,5) y bajo la única autoridad del Señor (Ef. 4,5).
Además, Pablo le confiaba a los corintios: “Cuando fui a ustedes, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría” (I Cor. 2,1). Esta confesión revela en él una percepción del lugar que él ocupa: sabe que no es más que un instrumento. Frente a los mismos corintios reivindica enérgicamente esta verdad cuando se entera que se han dividido en varios partidos tomando como punto de referencia las grandes figuras de los evangelizadores:
¿Qué es, pues Apolo? ¿Qué es Pablo? (...) ¡Servidores por medio de los cuales han creído! Y cada uno según lo que el Señor les dio. Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quién dio el crecimiento. De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo, ya que somos compañeros de trabajo de Dios y ustedes, campo de Dios, edificación de Dios. (I Cor. 3,5-9).
Dios lo es todo; Él posee una primacía absoluta en este emprendimiento. Es Él quien concede la fe, la gracia y quien promueve el crecimiento. Es Dios quien tiene su plan y que lo lleva adelante. El evangelizador ha recibido una misión particular, una gracia (I Cor. 15,11) a la que debe ser fiel (cf. I Cor. 3,11-15). La gratia predicationis, al decir de la tradición dominicana.
“In dulcedine societatis”
Domingo invitó a los primeros frailes de Toulouse a adoptar la regla de san Agustín. Desde ese momento, dominicas y dominicos hacemos profesión según esa regla.[15]
Después de exhortarnos a vivir “los mandamientos que principalmente se nos han dado”,[16] ella recuerda:
Lo primero porque se han congregado en comunidad es para que habiten en la casa, unánimes y tengan una sola alma y un solo corazón hacia Dios. Y no tengan cosa alguna como propia, sino que todo sea de todos; y el prepósito distribuya a cada uno de ustedes el alimento y el vestido, no igualmente a todos, porque no tienen todos iguales fuerzas, sino a cada uno según su necesidad. Pues así leen en los Hechos de los Apóstoles: “Todas las cosas les eran comunes, y se distribuía a cada uno según su necesidad”.[17]
El ideal al alcanzar es, pues, el de la comunidad cristiana primitiva de Jerusalén, tal como se describe en la Escritura (cf. Hch. 4,32-35). Y así lo recogió nuestra Constitución Fundamental:
Y, puesto que nos hacemos partícipes de la misión de los Apóstoles, imitamos también su vida según el modo ideado por Santo Domingo, manteniéndonos unánimes en la vida común, fieles a la profesión de los consejos evangélicos, fervorosos en la celebración de la liturgia, principalmente de la Eucaristía y del oficio divino, y en la oración, asiduos en el estudio, perseverantes en la observancia regular.[18]
Con esta opción, afirma Guy Bedouelle, “a la vez que conservaba la tradición canonical y se insertaba en ella, [Domingo] ponía de relieve otros elementos nacidos de su lectura del Evangelio y de una penetrante visión de las necesidades de su tiempo”.[19]
En efecto, santo Domingo descubre que comienza a desmoronarse una sociedad feudal, estamental y rural. Este quiebre se percibe con el comienzo del mercantilismo, el incipiente nacimiento de la burguesía y la creciente importancia de las ciudades, con su práctica de asociaciones y gremios.
En ese contexto, Domingo propone la configuración de “fraternidades” (grupo de “frailes”) organizadas internamente con una estructura democrática y las establece en los centros urbanos. En ellas desean encarnar el ideal de las primeras comunidades cristianas, gobernándose bajo un hermano “prior” y no bajo un abad. Desde ellas salen al encuentro de la gente, dedicándose a la predicación del Evangelio de forma itinerante.
El Capítulo General de los Frailes de la Orden celebrado en Bogotá ha querido recoger esta dimensión de la vida dominicana, presente desde los orígenes y vigente para todos los tiempos:
Hay señales distintivas que marcaron los orígenes de nuestra Orden. Una cosa es cierta; Santo Domingo tenía pasión por Dios, que lo llamaba a algo nuevo y desafiante. Esta pasión hizo que él tomara resueltamente una nueva orientación, junto con otras personas. Él previó que los frutos de la sagrada predicación llegarían si los frailes vivían gozosamente en unión de espíritus y de corazones, siempre dispuestos a ponerse en camino por el Evangelio y por sus hermanas y hermanos. Dios sigue llamándonos hacia la novedad y los desafíos de la vida fraterna que abrazamos con pasión y con gozo.[20]
Los Hechos de los Apóstoles aluden en tres ocasiones a la imagen de la comunidad primitiva, narrando la comunión y el crecimiento, como características esenciales de la nueva realidad que nacía (Hch. 2,42-47; 4,32-35; 5,12-16).
Los datos coincidentes de las cartas de Pablo y de los Hechos de los Apóstoles nos permiten destacar que la misión paulina fue fundamentalmente urbana.[21] Sólo las ciudades eran alcanzables por tierra, a lo largo de los grandes caminos romanos o por mar. Vieron su actividad las ciudades de Damasco, Tarso, Antioquía de Siria, los centros urbanos del sureste de Asia Menor y los de Galacia; en Europa: Filipos, Tesalónica, Berea, Atenas y Corinto, y finalmente Éfeso. Y no sólo esto, sino que se escogía como centro de irradiación una gran ciudad, desde donde hacer llegar el anuncio cristiano. Así sucedió en Corinto y en Éfeso, en torno a las cuales nacieron la Iglesia de Céncreas, puerto oriental de la capital de la provincia romana de Acaya (Rm. 16,1-2) y las comunidades de Colosas y de Laodicea (Col. 1,7 y 4,16).[22]
Esa misión encarada por los evangelizadores no se conformaba con conversiones individuales; más bien, tenían como objetivo suscitar en los grandes centros urbanos comunidades cristianas como signos vivientes de la presencia de la nueva fe. La adhesión al mensaje cristiano tenía necesariamente una consecuencia social concreta. Esto adquiere mayor relieve cuando se sabe que las ciudades romanas del siglo I d. C. aglutinaban a grandes masas de personas emigrantes de los pueblos y del campo que dejaban el círculo íntimo de la familia urgidos por necesidades de subsistencia. El cristianismo comunitario ofrecía un sentido de pertenencia y reconocimiento de la propia dignidad personal que constituía una verdadera alternativa.
Sus miradas, por lo tanto, tenía como horizonte a los pueblos y comunidades humanas, de los que ninguno tiene que quedar excluido del encuentro con el mensaje cristiano. La postura del grupo paulino en la asamblea de Jerusalén no deja lugar a dudas: no existe impedimento alguno para que “otros” reciban el Evangelio. Más aún: consideraban que el Evangelio de Cristo constituía un factor decisivo de encuentro entre los seres humanos, en donde las diferencias socioculturales dejen de ser motivo de enfrentamiento o de discriminación. Pablo dedicó muchas de sus energías, esfuerzos y reflexiones para consolidar la vida de esas comunidades por considerarlas el lugar “natural” donde se vive y despliega la Buena Noticia de Jesús.
La prioridad de la gracia.
Día tras día, en cada convento y casa de nuestra Orden, hermanas y hermanos saludamos a Domingo con una oración mediante la cual lo reconocemos como Lumen ecclesiae, doctor veritatis, rosa patientiae, ebur castitatis y praedicator gratiae. Éste último título refleja maravillosamente aquello que caracterizaba su espiritualidad: la trascendencia, la gratuidad y la eficacia de la gracia en la vida cristiana.
Domingo confía en la capacidad del ser humano para que, libre y conscientemente, responda a la amistad que Dios quiere ofrecerle. No es predicador de la “desgracia” y, menos aún, de la condenación; anuncia que Dios es misericordioso y compasivo. Jordán de Sajonia compuso una oración a Santo Domingo en la cual le dice: “Tú que con tanto celo deseaste la salvación del género humano…”[23] Esa salvación es la misma vida de Dios que, lejos de anularla o destruirla, dignifica y eleva la naturaleza humana. Nada de lo humano puede ser ajeno a las hijas e hijos de Domingo.
La experiencia de Dios vivida por Pablo, llamada habitualmente “conversión”, la describe él mismo diciendo:
Cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles. (Gal. 1,15-16).
Fue una experiencia que nunca olvidó y en la que apoyará su misión apostólica y el contenido del mensaje que proclamará.
En la carta a los romanos, después de haber mostrado ampliamente cómo toda la humanidad, judíos y no-judíos, se encuentran bajo el pecado, concluye:
Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen -pues no hay diferencia; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios- y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús. (Rm. 3,21-24).
En esto consiste la Buena Noticia que Pablo proclama: Dios, por un acto absolutamente gratuito, nos hace justos, es decir, transforma al ser humano para que pueda obrar bien y a la altura de su condición de hijo de Dios. Aún “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rm. 5,20).
Talante compasivo.
La historia de Domingo y su experiencia de Dios son incomprensibles sin el contacto intenso con la historia de sus contemporáneos. Esa experiencia brotaba especialmente del contacto con las personas dolientes necesitadas de salvación: Contacto en la infancia con un ambiente de reconquista que produce mucho dolor, pobreza y muerte; en Palencia, contacto con el hambre y la pobreza; en el norte de Europa, contacto con un paganismo agresivo y con una historia de martirio; contacto en Europa con la ignorancia religiosa que esclaviza; y contacto con una Iglesia, que en ciertos aspectos, se encontraba distante del Evangelio de Jesús.
Estas experiencias históricas generaron en Domingo el anhelo de identificarse con Jesús, viviendo su misma compasión. Es el sentimiento y la virtud más característica de su vida y de su personalidad. ¿Tenemos que seguir recordando lo que decía Jordán de Sajonia?
Había en él una igualdad de ánimo muy constante, a no ser que se conmoviera por la compasión y la misericordia.[24]
O fray Juan de Navarra:
[Domingo] era compasivo con el prójimo y deseaba ardientemente su salvación; predicaba con mucha frecuencia y, por todo los medios que podía, animaba a los frailes y los enviaba a predicar, rogando y amonestando para que fueran solícitos de la salvación de las almas.[25]
Compasión no es lástima. Significa “padecer con”, “sentir con”; implica la capacidad personal para ponerse en el lugar del ser humano que goza o sufre, en el “mundo” del otro. Domingo no se dedicará a condenar al mundo que le tocó vivir –ni aún a los herejes-, sino que sintió compasión del él. Su vida será un gran movimiento de misericordia hacia la humanidad que sufre.
Dios le había otorgado la gracia particular de llorar por los pecadores, por los desdichados y por los afligidos; sus calamidades las gestaba consigo en el santuario de su compasión.[26]
Es probable que Pablo no haya conocido a Jesús en la carne.[27] Sin embargo, estaba tan impresionado por el hecho de que Dios vino a la humanidad y se sometió a la crucifixión, que todo lo demás palideció ante la trascendental importancia de este hecho (cf. I Cor. 2,2).
La concentración de Pablo sobre la acción de Dios en Jesucristo lo conduce a fijar su mirada en la compasión de Dios con la humanidad, tal como se manifiesta en Cristo. Esto está bellamente concentrado en ese himno que comparte con la comunidad de Filipos (Flp. 2,5-11).
En particular, a la comunidad de Corinto, que se entusiasmaba por diferentes discursos religiosos, les indica cuál es el fundamento de la experiencia cristiana:
Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres. (I Cor. 1,22-25).
La muerte de Jesús en la cruz es piedra de tropiezo para los judíos. No es posible que Dios se revele y que salve a través de un Mesías matado por los romanos. Para los paganos ilustrados, el anuncio de la muerte de Jesús es una locura: proclamar que Dios salva a través de un crucificado es decir tonterías. Concluye Pablo con un principio paradójico. La Pascua es la inversión total: la muerte se convierte en vida, la impotencia -en términos humanos- es el verdadero poder; la necedad humana es sabiduría de Dios.
A continuación emplea su reflexión cristológica como clave de interpretación para la realidad comunitaria:
Dios ha escogido lo débil del mundo para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a nada lo que es. (I Cor. 1,27-28).
Aún más importante como evidencia para una comprensión paulina de las implicaciones de la solidaridad divina, es su argumentación a favor de la ofrenda para los pobres de Jerusalén:
Pues conocen la gracia de nuestro Señor Cristo Jesús, quien por ustedes se hizo pobre, siendo rico, para que ustedes mediante esa su pobreza, fueran enriquecidos. (II Cor. 8,9).
Pablo saca las implicaciones de la lógica de la solidaridad y la aplica a la conducta entre las personas. Ella no deriva solo del análisis de las relaciones humanas ni inclusive de un noble altruismo, sino de la forma en que Dios da a conocer su salvación: Él se hizo fuerte y compasivo en la debilidad de la cruz.
Cordialidad apostólica
Escuchamos comentar en una ocasión a Margaret Ordmond que Domingo era conocido por su calidad humana, y nos refirió la cita de Dante, quien lo sitúa en el paraíso (XII, 57) diciendo que era “cariñoso con los de más”.
Desde la ventana de la habitación que daba a la Iglesia, parece que los frailes observaban a Domingo. Esto es lo que nos cuenta Gerardo de Frachet:
Cierto fraile, hombre virtuoso y discreto, dijo que había estado sin dormir durante siete noches por ver qué hacía el bienaventurado padre. Y dijo que unas veces se ponía de pie; otras, de rodillas; otras, se postraba enteramente sobre el duro suelo y perseveraba así hasta que el sueño le rendía. Y al punto que se desvanecía un poco el sueño, visitaba los altares hasta media noche. Luego, calladamente, se acercaba al dormitorio y visitaba a los frailes, que dormían, cubriendo con gran ternura a las que estaban destapados. Hecho lo cual volvía a la iglesia para seguir orando.[28]
Los hermanos sabían que contaban con él cuando se encontraban en dificultades a la hora de encarnar su seguimiento de Jesús. Fray Pablo, de Venecia, fue testigo de ello:
[Domingo] fue consolador de los frailes en sumo grado, así como de cuantos se encontraban en tribulaciones y atormentados en su espíritu. Esto lo sabe porque lo experimentó personalmente y se lo oyó decir a otros.[29]
Y sabemos de la familiaridad y amabilidad de Domingo cuando llevaba recuerdos a las hermanas, o cuando, según relata sor Cecilia, invitaba a la alegría compartida entre hermanas y hermanos, después de la agotadora jornada dedicada a la predicación:
Cierto día [Domingo] llegó más tarde de lo acostumbrado [a encontrarse con los frailes y las hermanas], de modo que las hermanas, creyendo que no iría, habían dejado ya la oración y se habían ido al dormitorio. Pero he aquí que de improviso tocaron los frailes la campana, que era la señal para convocar a las hermanas cuando venía a visitarlas el Santo Padre. Oída la cual, se apresuraron a ir a la iglesia todas las hermanas, y abierta la ventana de la reja, le encontraron sentado ya allí con los frailes, esperándolas. (…) Después les dio una gran conferencia, proporcionándoles mucho consuelo. Al terminar su alocución les dijo: “Será bueno, hijas mías, que bebamos un poco”. Y llamó a fray Roger, bodeguero, y le dijo que trajera vino y una copa. Habiendo traído el fraile lo que le había dicho Santo Domingo, le mandó que llenara la copa hasta el borde. Después la bendijo y bebió él en primer lugar; tras él bebieron todos los frailes que se hallaban presentes. Eran, pues, los frailes que se habían congregado allí, entre clérigos y cooperadores, veinticinco; todos bebieron cuanto quisieron, pero la copa no disminuyó, permaneciendo llena. Después de que bebieran todos los frailes, dijo Santo Domingo: “Quiero que beban todas mis hijas”. Llamó entonces a Sor Nubia y le dijo: “Acércate al torno y toma la copa, y da de beber a todas las hermanas”. Fue ella con una compañera y tomó la copa, llena hasta los bordes. Y estando tan llena, no se derramó ni una sola gota. Bebieron, pues, todas las hermanas cuanto quisieron, comenzando por la priora, y tras ella todas las demás; el Santo Padre les decía de vez en cuando: “Beban bastante, hijas mías”. Eran entonces las hermanas ciento cuatro todas bebieron de aquella copa el vino que quisieron, pero sin que disminuyera en absoluto.[30]
En las cartas de Pablo podemos ver con mucha claridad en qué términos se da la relación entre los predicadores y las comunidades:
Aunque pudimos imponer nuestra autoridad por ser apóstoles de Cristo, nos mostramos amables con ustedes, como una madre cuida con cariño de sus hijos. De esta forma, amándolos a ustedes, queríamos darles no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser, porque habían llegado a sernos muy queridos. Pues recuerdan hermanos, nuestros trabajos y fatigas. Trabajando día y noche, para no ser gravosos a ninguno de ustedes, les proclamamos el Evangelio de Dios. Ustedes son testigos, y Dios también, de qué santa, justa e irreprochablemente nos comportamos con ustedes los creyentes. Como un padre a sus hijos, lo saben bien, a cada uno de ustedes los exhortábamos y alentábamos, conjurándolos a que viviesen de una manera digna de Dios, que los ha llamado a su Reino y gloria. (I Tes. 2,7-12).
Los llevo en mi corazón, partícipes como son todos de mi gracia, tanto en mis cadenas como en la defensa y consolidación del Evangelio. Pues testigo me es Dios de cuanto los quiero a todos ustedes en las entrabas de Cristo Jesús. (Flp. 1,7-8).
Es como una gestación (I Cor. 4,15; Gál. 4,19-20) en donde fermentan relaciones de intimidad y cordialidad. En Éfeso algunos jefes no judíos son amigos de Pablo y son quienes lo salvan de la revuelta de los orfebres (cf. Hch. 19,23-40). El Galacia, los que se preparaban para el bautismo se habrían “sacado los ojos” por él durante el tiempo de su enfermedad (Gál. 4,12-15). Pablo sentía nostalgia por sus hermanos lejanos, como ocurrió con los tesalonicenses después de su partida (cf. I Tes. 2,17-18). Esta angustiado hasta el extremo y no teme verse privado del único colaborador con tal de mandar y recibir noticias (I Tes. 1,3-5). Le dice a la comunidad de Corinto que de buena gana se gastará y desgastará hasta agotarse por ellos (cf. II Cor. 12,15). La carta a Filemón también es testigo de los sentimientos de Pablo: “Te ruego por el hijo al que he engendrado entre cadenas. Lo devuelvo, a éste, mi propio corazón (...) Recíbelo como a mí mismo” (Flm. 10.17). A los corintios los reprende “como a hijos suyos muy queridos” porque ha sido él quien los ha engendrado en Cristo Jesús (cf. I Cor. 4,15-15; II Cor. 6,13). Con una gran ternura se dirige a los gálatas llamándoles “Hijitos míos” por quienes sufre dolores de parto hasta ver a Cristo formado en ellos (cf. Gál. 4,19).
La fe compartida es fuente de mutuo consuelo y esperanza; por eso, se alegra mucho con las noticias llegadas de Tesalónica:
Hermanos, hemos recibido de ustedes un gran consuelo, motivado por su fe, en medio de todas nuestras congojas y tribulaciones. Ahora sí que vivimos, pues permanecen firmes en el Señor. Y ¿cómo podremos agradecer a Dios por ustedes, por todo el gozo que, por su causa, experimentamos ante nuestro Dios? Noche y día le pedimos insistentemente poder ver su rostro y completar lo que falta a su fe. (I Tes. 3,7-10).
Esa fe también desea compartirla con los cristianos de Roma, a la cual todavía no había conocido personalmente: “Ansío verlos, a fin de comunicarles algún don espiritual que los fortalezca, o más bien, para ser reconfortados mutuamente por la fe que tenemos en común ustedes y yo” (Rm. 1,11-12).
Y cuando pareciera que la relación con la comunidad de Corinto se ha restablecido y han superado el conflicto, Pablo les expresa sus sentimientos más profundos:
¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación (parakléseôs), que nos consuela en toda nuestra tribulación para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios! Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación. Si somos atribulados, lo somos para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, lo somos para el consuelo de ustedes, que los hace soportar con paciencia los mismos sufrimientos que también nosotros soportamos. Es firme nuestra esperanza respecto de ustedes; pues sabemos que, como son solidarios con nosotros en los sufrimientos, así lo serán también en la consolación. (II Cor. 1,3-7).
Hacia las fronteras.
Es conocido el deseo de Diego, el obispo de Osma, de embarcarse en la evangelización de los “cumanos”. Dice Jordán:
Reveló al Papa que era propósito suyo muy querido, dedicarse con todas sus fuerzas a la conversión de los cumanos, si se dignaba admitirle la dimisión.[31]
Este anhelo fue acogido con mucho entusiasmo por Domingo, tal como nos lo relatan dos testigos de canonización. Por un lado, fray Rodolfo de Faenza, quién se unió a la Orden en 1219, informaba:
[Domingo] deseaba la salvación de las almas, tanto de los cristianos, como de los sarracenos, y especialmente de los cumanos y otros pueblos. Era más celoso de las almas, que hombre alguno que jamás haya conocido. Decía con frecuencia que deseaba ir a los cumanos y a otros pueblos infieles.
Por su parte, fray Pablo de Venecia testimoniaba:
[Domingo] anhelaba mucho la salvación de las almas, tanto de fieles como de infieles. Con frecuencia dijo a este testigo: “Después de que organicemos y consolidemos nuestra Orden, iremos a los cumanos, les predicaremos la fe de Cristo y los conquistaremos para el Señor”.[32]
Hasta 1217 la acción misionera a través de la predicación, sobre todo la realizada por medio de los legados pontificios, se dirigía a los territorios en los que se encontraban los herejes. A partir de entonces, Domingo decide extender su campo de acción a toda la comunidad cristiana. Tomando como apoyo las dos universidades nacientes de París y de Bolonia, su predicación se hará universal, destinada a todo tipo de personas.
Tres años más tarde, en 1220, y uno antes de su muerte, le parece llegada la hora de que su Orden atraviese las fronteras de la cristiandad para lanzarse hacia lo desconocido, desde donde se espera confusamente a Cristo, como le aseguraba su fe. Domingo proyecta sin descanso a sus frailes hacia su propio ideal misionero.
Finalmente, en el Capitulo de 1221 se convertirá en realidad el sueño largamente acariciado de enviar hermanos más allá de las fronteras de la cristiandad, al norte de Europa, al Oriente Próximo, y hasta las puertas de Asia. Lo que él mismo no pudo hacer, aunque lo llevara en su corazón de apóstol, lo encomendó a sus frailes. Y así ve realizado su proyecto de una vida verdaderamente apostólica: “vayan por el mundo entero” y “hagan discípulos” de todas las naciones (Mt. 28,16.19).
En una etapa importante de su actividad evangelizadora, Pablo escribe su carta a la comunidad de Roma, una comunidad que estaba formada desde hace tiempo y que él no había fundado ni visitado. Al final de la epístola realiza una constatación y expresa un deseo. Afirma que:
desde Jerusalén y en todas las direcciones hasta la Iliria he dado cumplimiento al Evangelio de Cristo; teniendo así, como punto de honra, no anunciar el Evangelio sino allí donde el nombre de Cristo no era aún conocido, para no construir sobre cimientos puestos por otros. (Rm. 15,19-20).
Considerada literalmente esta afirmación parece desmesurada. Sin embargo, hay que comprenderla a partir de la certeza que Pablo tiene de que el Evangelio se abre camino por sí mismo y que, partiendo de unas comunidades determinadas, logra esparcirse más allá de sus límites. La Buena Noticia había llegado al Asia Menor y Grecia; hay que proclamarlo donde todavía no se lo había hecho:
Mas ahora, no teniendo ya campo de acción en estas regiones, y deseando vivamente desde hace muchos años ir a ustedes cuando me dirija a España (...) espero verlos al pasar y ser encaminado por ustedes hacia allá. (Rm. 15,23-24).
Con un cierto inconformismo, los evangelizadores estaban pendientes de que la Buena Noticia se anuncie “más allá” de los límites actuales. En el caso de Pablo y Domingo, los límites eran fundamentalmente geográficos; pero sabemos que en nuestras sociedades hay otras “fronteras” que dividen, separan y excluyen, a las cuales nuestro padre Domingo nos sigue invitando a ir.
Fr. Gabriel M. Nápole OP
Buenos Aires, 2008
[2] Constantino de Orvieto, “Legenda Sancti Dominici” 25, en L. Galmés - V. T. Gómez, Santo Domingo de Guzmán. Fuentes para su conocimiento, Madrid 1987, 259.
[3] H.-M. Vicaire, Historia de Santo Domingo. Nueva edición española por A. Velasco Delgado, Madrid 2003, 560-561.
[4] “Processus canonizationis Sancti Dominici apud Bononiam”, nº 29, en L. Galmés - V. T. Gómez, Santo Domingo de Guzmán, 161. El texto latino dice: Semper gestabat secum Matthei evangelium et epistolas Pauli et multum studebat in eis, ita quod fere sciebat eas cordetenus.
[5] H.-M. Vicaire, Historia, 108.
[6] Jordán de Sajonia, “Libellus de principiis Ordinis Praedicatorum” 6, en L. Galmés - V. T. Gómez, Santo Domingo de Guzmán, 85.
[7] H.-M. Vicaire, Historia, 110 nota 41.
[8] Jordán de Sajonia, “Libellus” 6, en L. Galmés - V. T. Gómez, Santo Domingo de Guzmán, 85.
[9] “Processus”, nº 35, en L. Galmés - V. T. Gómez, Santo Domingo de Guzmán, 166.
[10] Cf. J. M. de Garganta, “Introducción general”, en M. Gelabert – J. M. Milagro, Santo Domingo de Guzmán visto por sus contemporáneos, Madrid 1966, 80. Entre sus fervorosos admiradores estaba el noble joven Guillermo de Montferrat quien le rogó que lo admitiese en su Orden, pero Domingo le aconsejó que antes fuese a estudiar Teología en la Universidad de París. Así lo hizo, y más adelante recibió el hábito de fraile predicador, siendo durante mucho tiempo compañero de viajes y más tarde testigo en el proceso de su canonización.
[11] F. Martínez, Espiritualidad dominicana, Madrid 1995, 117.
[12] “Constitutiones antique ordinis fratrum praedicatorum”, pról. en L. Galmés - V. T. Gómez, Santo Domingo de Guzmán, 728.
[13] D. Byrne, “El Ministerio de la Predicación”, Alabar- Bendecir - Predicar. Palabras de Gracia y Verdad (1962-2001), Salamanca 2004, 220.
[14] Jordán de Sajonia, “Libellus” 13, en L. Galmés - V. T. Gómez, Santo Domingo de Guzmán, 88.